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quincenal, días 1 y 15
de cada mes
Santa
Fe y Barcelona,
viernes 15/05/26 Infancia
y
salud SOBRE
EL
ABUSO VERBAL Los
abusos
verbales de un
adulto hacia un niño
o adolescente, y los
gestos que los
acompañan, no son
inofensivos en
absoluto, sino que
hacen daño, crean
culpa y atonía,
menosprecio y
humillación, y más
abusos. Las
palabras,
aquellas que un adulto
le dice a un niño o
adolescente, no son tan
sólo palabras, ni se las
lleva el viento, sino
que quedan. Si la
palabra fue fea, esta
palabra hace daño.
Sabemos cuánto, con qué
dolor, con qué decepción
recuerda un chico la
promesa que se le hizo a
la ligera y que después
nadie cumplió. En la
infancia, la palabra
tiene valor. Hay
cuatro
formas de abuso contra
la infancia y la
adolescencia: el abuso
físico, el abuso sexual,
el abuso emocional, y la
negligencia. Aunque en
cierto sentido
separadas, estas formas
de abuso pueden, o
suelen ser varias a la
vez, o todas en un mismo
caso. El maltrato verbal
está hoy reconocido como
un abuso dentro de lo
emocional. Hay
consenso
para afirmar que el
abuso trae tristes
consecuencias, tanto a
corto como a largo
plazo, y que quien fue
víctima del abuso siendo
niño tiene más
posibilidades de ser
después un adolescente
abusador, y más tarde un
adulto abusador. Es
fácil ver esta realidad
en la vida cotidiana,
aunque para verla hay
que abrir los ojos. También
pasa
que quien es víctima de
un abuso, por ejemplo en
casa, es a la vez un
abusador en el colegio,
en las redes sociales,
en el barrio, con la
gente. El abuso verbal
es probablemente la
forma de abuso más
habitual. No siempre es
un grito. Puede ser algo
que se dice entre
dientes, un secreto en
la oreja, una amenza,
todo el desprecio y la
humillación. Diversos
estudios
publicados recientemente
(*) indican que los
abusos verbales de los
que es objeto un niño o
un adolescente, en
general por parte de
alguien cercano, no son
inofensivos en absoluto,
sino que provocan un
daño cuyas consecuencias
se ven de inmediato, y
después. Esta
forma
de maltrato
infanto-juvenil es el
uso de palabras, gestos
y expresiones cuyo
contenido, voluntario o
no, implica culpar,
avergonzar,
menospreciar, amenazar,
humillar, criticar o
estigmatizar al niño o
adolescente. Y está
presente en entornos
cotidianos que en
general se consideran
sanos y seguros, como el
hogar, el colegio, la
cancha, el club, el
grupo de compañeros. El
maltrato
verbal hace daño por lo
negativo que expresan
las palabras y los
gestos con que se abusa
del menor. Pero además
porque este daño procede
en general de personas
de quienes se espera una
actitud amable y
comprensiva, o como
mínimo respetuosa y
hasta protectora. No son
sólo palabras, insisto,
ni se las lleva el
viento, porque el niño o
adolescente no las
olvidará. Y
no sólo que no las
olvidará, sino que poco
a poco sentirá que es un
inútil si le dicen y le
repiten que lo es. El
maltrato verbal tampoco
es un mecanismo para
estimular resultados, ni
para hacer que el chico
sea más fuerte o más
resistente. Nadie
aprende nada bueno con
violencia de ningún
tipo. Aprende, en todo
caso, a ser violento,
sea de palabra, sea por
acción, sea por omisión.
Los
mencionados
estudios indican que
quien es blanco
persistente de abusos
verbales cae pronto en
la ansiedad, en la baja
autoestima, en una
sensación de fracaso
constante, en la atonía.
En otros casos se puede
caer en un trastorno de
la conducta alimentaria,
en un trastorno de la
personalidad, en un
comportamiento violento,
agresivo. En el consumo
de drogas o en el hecho
delictivo. Me
imagino
que algunos dirán que
las cosas no serán para
tanto, porque muchas
críticas y muchos
insultos dirigidos a
chicos no quieren en
realidad criticar ni
insultar, sino que
serían como una forma
particular de hablarles.
Pero no es así. El
insulto nunca es
cariñoso, ni la
humillación, ni el
desprecio, ni la crítica
constante y despiadada. Aunque
frecuente,
y más en ciertos
entornos que en otros,
el maltrato verbal hacia
la infancia y la
adolescencia no forma
parte de nuestra
cultura. No somos así. Y
si queremos ir cambiando
el rumbo, si realmente
queremos enfilar hacia
la salida, entre otras
cosas hay que respetar,
con palabras y con
obras, a los chicos y
los adolescentes. Ellos
son nuestro presente y
nuestro futuro. Convido
entonces
a reconocer el valor de
las palabras y los
gestos que se expresan,
y a imaginarnos un
entorno doméstico,
deportivo o escolar
donde la palabra sea un
medio idóneo y creíble
para construir. Al mismo
tiempo, tenemos que
enseñarles que la
palabra tiene valor, que
de verdad significa
aquello que dice, y que
podemos confiar en la
palabra del otro. De
la misma manera que hay
que enseñarles que mucho
de lo que ven en las
pequeñas pantallas no es
real, sino una turbia
fantasía. Y que hay una
realidad mucho mejor, y
está aquí, al alcance de
la mano. Así hay que
enseñarles cómo
distinguir la hierba
buena de la hierba mala. Y
aunque la hierba mala
nunca muere, ya lo
sabemos, también sabemos
que la podemos tener
bien controlada. Se
trata entonces de
entender que hay un
mundo mejor, y que este
mundo está al alcance de
la mano, lo tenemos al
alcance de la mano. Pero
sólo unidos y
colaborando lo
conseguiremos. (*)
Childhood
verbal abuse by
adults: young people
speaking up. The
Lancet Child &
Adolescent Health,
30/04/2026. Dos
experiencias Una
experiencia
ejemplar sirve para
ilustrar que el abuso o
maltrato verbal es un
verdadero problema en el
mundo de hoy, aunque no
todos estarían
dispuestos a
reconocerlo, menos en sí
mismos. En octubre de
2025, un grupo de
jóvenes ingleses,
algunos por haber sido
sido víctimas del abuso
verbal y otros por
solidaridad con ellos,
consiguieron llevar el
tema al Parlamento. Lo
hicieron
con la ayuda de la
organización «Words
Matter» («Las
palabras importan») y
con el objetivo de darle
relevancia pública a un
problema que afecta a
muchos, y que incluso
cuenta con cierta
aceptación social. Esta
organización ofrece
información sobre las
características y las
consecuencias del abuso
verbal contra niños y
adolescentes, y propone
estrategias para
prevenirlo. Lo
consiguieron,
y hubo debate, y varios
políticos se
posicionaron formalmente
en contra del abuso
verbal. Pero los jóvenes
promotores de la
iniciativa se quejarían
después de que durante
el debate hubo muchas
bancas vacías. Es decir,
ciertos políticos se
involucraron pero otros
tantos se lavaron las
manos. Esto tal vez nos
suene familiar. Me
pregunto
qué hubiera pasado si un
debate similar se
hubiese llevado a cabo
en el Concejo Municipal
de Santa Fe. El objetivo
hubiera sido darle más
difusión, y de carácter
oficial, al abuso verbal
porque es más frecuente
de lo que parece, y hace
daño. Lo primero es
siempre saber, y que se
sepa. El primer paso
para solucionar un
problema es reconocer
que el problema existe. Según
una investigación de
octubre de 2023 (*),
quienes más abusan
verbalmente de niños y
adolescentes son sus
padres y sus maestros,
pese a que ellos son
precisamente quienes
deberían al menos
enseñarles con el
ejemplo. Otra cosa son
los abusos verbales de
nuestro presidente, y
contra ellos también hay
que posicionarse aunque
ya sabemos que quien
insulta a los demás se
retrata a sí mismo.- /
Publica "El Litoral",
lunes 18 y martes
19/05/26: html
- jpg.- (*) Childhood verbal abuse as a child maltreatment subtype: A systematic review of the current evidence. The International Journal of Child Abuse and Neglect, 10/2023.
Las
palabras feas que un
niño o adolescente
recibe de un adulto no
son tan sólo palabras
ni se las lleva el
viento. Son palabras y
gestos que no se
olvidan. *
* *
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