Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Santa
Fe y Barcelona, 01 enero
de de 2026 Infancia y salud
Una
enfermera
de Médicos sin
Fronteras en la
unidad de
neonatología del
hospital Khan Yunis,
en Gaza. Pero Israel
ahora los expulsa
acusándolos de
complicidad con el
terrorismo. Foto:
© msf. -
PANORAMA
DESDE EL PUENTE El
llanto
de un bebé en el
Puente Colgante es
una metáfora para
observar una
realidad
infanto-juvenil que
continúa presa del
abuso del poder. Hace
unos días, por el solo placer
de ver las aguas
setúbales, mansas pero
a la vez ávidas, y
tomar un poco de
fresco vespertino, y
cumplir con el
precepto médico de al
menos caminar un buen
rato y con energía,
volvía por la vereda
norte de nuestro
puente colgante cuando
un llanto de bebé
pequeño requirió mi
atención. Caía
la
tarde, pocos
caminábamos por el
puente, unos de ida y
otros de vuelta,
algunas bicicletas,
algunos autos. Este
puente es demasiado
nuestro, demasiado
valioso como para que
lo transiten autos y
camionetas, y debería
ser sólo un paseo
peatonal, aunque con
una bicisenda. Las
personas, en efecto,
tenemos prioridad. El
llanto
neonatal provenía de
unos metros más
adelante, sobre la
misma vereda del
puente, desde los
brazos de quien
parecía ser el padre,
que caminaba con
apuro. Aceleré el paso
para alcanzarlo. Es
fácil reconocer que un
llanto determinado
proviene de un bebé, y
también es fácil
reconocer que procede
de un bebé pequeño. Cuando
estuve
justo detrás,
pregunté, aún estando
de espaldas: Qué le
pasa, qué le pasa a
este bebé que llora
tanto? El padre se
detuvo y se giró, y de
pronto nos encontramos
los tres en medio del
puente, vereda norte,
sobre las aguas
amenazantes, con
algunos camalotes. Una
brisa mínima parecía
querer acunar al bebé.
Pequeño, el bebé
lloraba con energía y
con los ojos cerrados,
y su padre me miraba
sorprendido, y había
un punto de
desesperación en su
mirada. Demasiado
abrigado
para un atardecer de
verano, expuesta la
cara y las manos a los
mosquitos, el bebé
parecía llorar de
hambre. «Me parece que
tiene calor y que
tiene hambre», le digo
al papá. No tendría
más de un mes el bebé,
de piel apenas morena,
el pelo abundante y
oscuro, las manos
arrugadas, las uñas un
poco largas, la ropa
más bien grande, el
ceño fruncido. Todo
pasó
muy rápido. No siempre
es fácil saber por qué
llora un bebé, y más
aún si es pequeño,
aunque la madre, tal
vez en razón del
infalible instinto
maternal, suele
saberlo. También
llorarían, y
entendemos por qué,
los casi veinte mil
chicos que hasta ahora
desaparecieron de
Ucrania. Dos
prestigiosas
instituciones, Médicos
por los Derechos
Humanos y la
universidad de Yale,
denunciaban el mes
pasado (1) que hasta
ahora los rusos se
habían llevado a casi
veinte mil chicos de
Ucrania y de los
territorios ucranianos
invadidos. Denuncian
también que médicos y
sicólogos tienen un
papel decisivo en la
desaparición de estos
chicos. Algunos
de
estos chicos fueron a
parar a hogares rusos,
mientras que de otros
se sospecha, o más
bien ya se sabe, que
son víctimas de un
trato cruel dominado
por la violencia
física, el abuso
sexual y el encierro
en sótanos oscuros. La
estrategia de hacer
desaparecer a los
hijos del enemigo es
una táctica conocida y
ya usada en otros
conflictos, como en
Gaza, a fin de limitar
el futuro del pueblo
vencido. En Argentina
desaparecieron muchos
bebés, aunque con otro
objetivo, tal vez con
el único objetivo de
hacer aún más profundo
el sufrimiento de la
madre. Mucho queda aún
por saber, y por
denunciar. Quienes
saben, todavía callan,
y hoy nos hablan
quienes vienen a
decirnos que todo
aquello no fue para
tanto. Las
denuncias
por la muy alta,
desproporcionada
mortalidad de mujeres,
niños y adolescentes
en Gaza, que no ha
cesado sino que
continúa, pueden
terminar en saco roto
gracias al poder del
dinero, incluso acá.
Israel expulsó a
Médicos sin Fronteras.
A los palestinos de
Gaza los privan así de
una fuente de atención
médica, y de unos ojos
neutrales que miran y
dan testimonio. Mañana
dirán que no fue para
tanto, que no fue así. Parece
que
allá no pasó nada. La
desaparición de bebés
y chicos ucranianos,
denunciada al más alto
nivel en diversas
ocasiones, quizá se
encamine hacia el
mismo saco. Y luego
nos dirán que todo
aquello no fue así, ni
fue para tanto, y
parecerá que no pasó
nada, ni acá ni allá. Todo
pasa
muy rápido para que
parezca que no pasó, y
rápido nos invanden
después las noticias
sin trascendencia que
ocultan la verdad,
llagas que no curan,
que nos avergüenzan, y
que sangran todavía.
Todo pasó muy rápido,
y aquel bebé seguía
llorando en los brazos
de su padre, y había
un punto de
desesperación en su
mirada, como
impotente. Entonces
llegó la madre, que se
había adelantado unos
metros pero que, al
sentir el llanto de su
bebé, su llamado, se
volvió de inmediato
para tenerlo de vuelta
en sus brazos, tal vez
arrepentida. Los
chicos
desaparecidos en
Ucrania habrán
llorado, y quizá
lloren todavía
encerrados en un
sótano oscuro tal vez
para doblegarles la
voluntad. No es el
caso de los chicos
palestinos en Gaza,
que murieron y siguen
muriendo sin saber por
qué los matan. El bebé
del puente, en cambio,
ya en brazos de su
madre, se calmaba poco
a poco. Entonces
comprendí que no
lloraba de hambre ni
porque tenía calor.
Sino porque tenía
miedo. -
Mirada bajo el puente Volvía
caminando por el
bulevar, ruidoso y
sucio, de veredas en
general maltrechas y
cantero central
compartido con ciclistas
raudos que miran poco, y
por acá y por allá
encontraba bebés que
parecían estar volviendo
a casa con sus padres
después de un paseo
vespertino. Casi todos
iban en cochecito. En
una esquina,
aprovechando que autos y
camionetas se detienen
por el semáforo, un
muchacho sostenía un
bebé con un brazo
mientras con la mano del
otro intentaba
despertar, con cierto
malabarismo de dos
pelotitas de colores, la
compasión de quienes
esperaban la luz verde
para acelerar. Y me
pregunté si ese bebé,
que razones tenía para
llorar de miedo, había
nacido como la mayoría
por cesárea. Más
de la mitad de los bebés
que nacieron en la
ciudad de Santa Fe
durante 2024 lo hicieron
por cesárea. El 63,5%
para ser exactos. Esta
cifra es muy alta y
resulta sospechosa
porque más que triplica
el porcentaje de
cesáreas que debe haber
en una población, como
la santafesina, si se
pretende tener buenos
índices de salud. Sin
embargo, la autoridad
presentó el informe como
si de un gran logro se
tratara, tal vez ni lo
había leído. En
efecto, a mediados de
diciembre, 2025, en un
acto presidido por el
intendente, que es
médico, se presentó la
edición 2024 del informe
«Santa Fe, Cómo Vamos»
(2). Es un informe
valioso, sin duda útil
para saber dónde y cómo
estamos, y cuenta con el
aval de tres
universidades: Nacional
del Litoral, Católica de
Santa Fe y Tecnológica.
Propongo leerlo porque
aporta buenos argumentos
para un debate
constructivo, y está
gratis en internet. El
tercer capítulo de este
informe, dedicado a la
salud, tiene 21 páginas,
de un total de 251. Es
muy interesante, aunque
superficial en algunos
aspectos. En la página
56 está lo que decía,
que el 63,5 por ciento
de todos los nacimientos
(ciudad de Santa Fe,
2024) correspondió a
partos por cesárea,
mientras que el 36,5 fue
por vía vaginal. Del
total, el 59 por ciento
de los bebés nacieron en
un efector público,
mientras que el 40 lo
hizo en un centro
privado. Pero el informe
no dice qué porcentaje
de cesáreas se registró
en el sector privado y
qué porcentaje en el
sector público, pese a
que este dato no es
secreto y que en este
contexto adquiere máxima
trascendencia. El informe presenta también las cifras que indican una disminución de la natalidad. Esta cuestión también es urticante y debería generar un debate serio entre la población joven y los políticos de turno. Tal como es habitual, nacieron un poco más de varones que de nenas. Y una buena noticia: bajó el número de bebés cuya madre tiene menos de 20 años.- / Publica El Litoral, sábado 03/01/25: html - jpg. /
(1) Russia's health workers complicit in abducting Ukraine's children. The Lancet, 20/12/25. / (2) «Santa Fe Cómo Vamos»: se presentó el informe que analiza la ciudad hoy y a futuro. El Litoral, 18/12/25.
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