Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Santa
Fe y Barcelona, 15 de
noviembre de 2025 Infancia y salud LA
NUEVA
BANDERA Y LOS VIEJOS
ABANDERADOS La
bandera
no es un premio para
el mejor, sino una
madre que en su seno
cobija a todos por
igual, y por este
motivo el abanderado
sea elegido por
sorteo, en igualdad
de oportunidades. Que
la
bandera de la ciudad
la lleve en la escuela
el mejor compañero. Es
una propuesta
formal que se presentó
hace unos días en el
Concejo Municipal. La
idea me parece errada,
y huele a naftalina,
porque insiste en el
error de lo
individual, lo
separado, el «yo
primero», cuando el
remedio no está en lo
individual sino en la
poderosa fuerza de la
unión, en el equipo.
La bandera no es un
premio para nadie,
sino una madre que en
su seno cobija a todos
por igual. Según
un
decreto de hace más de
medio siglo (*), se
supone que en una
ceremonia escolar
solemne debe haber un
abanderado que porte
la bandera argentina.
Hay otro que lleva la
bandera provincial, y
un tercero llevaría la
bandera de la ciudad.
Los dos primeros
abanderados se deben
elegir según criterios
de tener las mejores
notas, de buen
comportamiento, de
corrección, etc. Los
escoltas se eligen
según criterios
similares. El tercer
abanderado, en cambio,
debería ser, según la
propuesta antedicha,
elegido entre todos
como el mejor
compañero del curso. En
otras
palabras, llevar la
bandera en un acto
escolar es una
cuestión de méritos.
Es un error, porque la
meritocracia es un
concepto de adultos y
para los adultos, y no
es aplicable a la
infancia, menos en
Santa Fe. Y la bandera
como símbolo, insisto,
no es un manto para
abrigar a los más
meritorios, que ya
suelen estar
abrigados, ni un honor
para unos pocos, sino
una madre que en su
seno recibe a todos
por igual. Como madre
que es, tiene
debilidad por los
hijos más débiles. Salvo
las
excepciones que
confirmen la regla, en
una escuela primaria
los mejores alumnos no
lo son por mérito
propio. En efecto, ser
bueno, o muy bueno, o
el mejor en «estudio,
comportamiento,
corrección,
compañerismo» (en
palabras de aquel
decreto), hoy no
depende tanto del
alumno como del
entorno socio-familiar
donde nació, donde
vive y donde se
desarrolla. Si
un
alumno cenó bien la
noche anterior, si
pudo dormir y
descansar, si desayunó
por la mañana como
debe, si tiene ropa
adecuada para ponerse,
si lo ayudan todos los
días con las cosas de
la escuela, si tiene
tiempo de ocio y de
ocio creador, y si lo
quieren y se lo dicen,
este alumno tiene más
probabilidades de ser
mejor que otros en
notas, en
comportamiento y en
corrección, y tal vez
en compañerismo. Por
lo tanto, el mérito
que se le atribuye no
es todo suyo, sino que
depende en gran
medida, aunque no
exclusivamente, del
entorno socio-familiar
donde esté. Sin
querer
restarle nada a nadie,
e insisto con que hay
excepciones, el
esfuerzo como mérito
no es innato en un
niño sino que es una
consecuencia de su
entorno, que le enseña
el valor del esfuerzo,
y que lo ayuda. En
cambio, el niño que
procede de una familia
insuficiente, si vive
en un hogar
insuficiente y si no
recibe suficientes
atenciones en casa, lo
más probable es que en
la escuela no sea el
mejor en nada. Si
vive
en un entorno
violento, es probable
que sea un alumno
violento, pero no
tendrá la culpa de
serlo. Si vive en un
entorno académico, es
probable que sea buen
estudiante, pero el
mérito no será todo
suyo. La
meritocracia,
entonces, no es propia
de la infancia ni es
adecuada para la
infancia santafesina.
Y harían mal las
escuelas si
insistieran en premiar
el mérito individual
en vez de promover el
mérito conjunto, el de
la unión, el del
equipo. No se trata de
educar en el concepto
egoísta de ser el
mejor, o de estar
entre los mejores,
sino de enseñar cómo
conseguir lugar en el
equipo, y cómo
mantenerse como
miembro constructivo
del equipo. Lo
individual,
ya lo sabemos bien los
argentinos, con
tristeza lo hemos
visto, se parece a lo
egocéntrico, al
narcisismo, al «yo
primero», al «qué me
importa». Por lo
tanto, no puede ser
tema escolar ni motivo
de premio No
saldremos
de ésta por mérito
propio o a fuerza de
individualismos, sino
en virtud de un
trabajo conjunto, en
equipo, porque, sin
duda alguna, en la
unión está la fuerza,
y esta materia debe
ser materia escolar, y
ejemplo a dar en las
escuelas. Ahora,
¿quiénes deben ser
entonces los
abanderados y los
escoltas en las
escuelas? Antes
de
responder a esta
pregunta se impone una
reflexión: al parecer,
según proponen quienes
pretenden abanderar el
país, el presupuesto
nacional para 2026
prevé una reducción
sustancial para
Educación, y esto sin
duda compromete la
función de la escuela
y afectaría a docentes
y alumnos. Es decir,
reducir la inversión
en educación
compromete el futuro
de Santa Fe y del
país. Huelga insistir
en la gravedad de esta
perpectiva, al lado de
la cual la propuesta
de designar tercer
abanderado al mejor
compañero parece un
juego de niños. Una
vez más se hace
necesario detenerse a
pensar qué es y dónde
está lo importante, y
qué es secundario,
accesorio y
prescindible. Quiénes
deben
ser ser abanderados y
escoltas Lo
mejor
sería prescindir de
abanderados y
escoltas, y que las
banderas presidan el
acto desde la cabecera
de la sala, cada una
en su pedestal. Pero
si abanderados y
escoltas fueran
obligatorios, pueden
ser elegidos por
sorteo. Sólo así el
orgullo de llevar o
escoltar la bandera,
madre de todos por
igual, será la
consecuencia de un
proceso desarrollado
en igualdad de
oportunidades, tal
como debe ser la
escuela. Y si por
sorteo la
responsabilidad cayera
en quien no tiene
buenas notas ni es
bueno en casi nada,
mejor, bienvenido sea.
El orgullo de portar o
escoltar la bandera
cambiará la vida de
ese alumno, y con un
poco de suerte
cambiarán también en
casa. Se
trata,
precisamente, de no
darle más brillo a
quien ya lo tiene
gracias a su entorno,
sino de ofrecer las
mismas oportunidades
para todos. O para
ninguno. Hay que
recordar que nadie
elige la cuna donde
nace ni elige las
mantas con que lo
abrigan, y que tenemos
que abrigar, no al que
ya está abrigado, sino
al que tiene frío. La
foto
con que ilustro esta
nota documenta un
partido de fútbol
entre adolescentes
amputados (o con una
pierna ya sin
movimiento). Son
miembros de una
asociación deportiva
de jóvenes amputados
creada poco después
del final de la
guerra. El país es
Sierra Leona, rico en
diamantes, en África
Occidental, colonia
británica hasta 1961.
Durante la larga y
sangrienta guerra
civil que asoló el
país entre 1991 y
2002, brutales
atrocidades se
cometieron contra la
población civil, en
especial contra los
niños. La guerra fue
financiada por el
comercio de diamantes:
los rebeldes
entregaban diamantes y
a cambio les daban
armas. La
costumbre
de amputar un brazo o
una pierna a un niño,
en vez de matarlo,
busca comprometer
tanto la vida futura
de la víctima, si es
que logra sobrevivir a
la hemorragia, como a
su familia, que debe
entonces hacerse cargo
del ahora
discapacitado.
Arruinar la infancia
implica arruinar el
futuro. Similar es el
caso de Gaza, donde la
muerte de niños
palestinos a manos
israelíes apunta a
eliminar el futuro. Si
no hay infancia
palestina, no hay
futuro palestino. La
foto la publicó el
diario inglés The
Guardian, el pasado
sábado 8 de
noviembre.
Inversamente, cuidar y
proteger a la
infancia, e invertir
en ellos, es asegurar
un futuro para todos.
/ Publica El
Litoral,
lunes 17/11/25: html
- jpg. (*) Reglamento General de Escuelas Primarias (Decreto provincial 4720/61), del 16 mayo de 1961, art. 74.
Fútbol entre adolescentes amputados, consecuencia de cuando la guerra busca dañar la infancia para arruinar el presente y evitar el futuro. En Sierra Leona, África. © Foto: John Wessels / AFP / Getty Images.
Barcala,
A. Argentina's
mental health at a
crossroads:
retrenchment and
local resistance.
The Lancet Regional
Health / Americas. 2025;
51. «Since
December 2023, Argentina
has faced a critical
juncture characterized
by a rollback in public
health policies
affecting mental health.
The national government,
self-identified as
libertarian, has
implemented regressive
measures that undermine
rights, weaken the
state's capacity to
guarantee healthcare,
and exacerbate
structural inequalities,
disproportionately
affecting the most
vulnerable groups. (...) During
the preparation of this
work, the author used an
AI tool to review and
enhance the English
translation. After using
this tool, the authors
reviewed and edited the
content as needed and
take full responsibility
for the content of the
publication.»
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