Santa
Fe y Barcelona, martes
1 julio de 2025 / Actualización:
un artículo nuevo
todos los días 1 y 15
de cada mes Infancia
y salud MEJOR
ESTAR PREPARADOS
Rebrota
el sarampión, y entonces
hay que estar
preparados, y vacunarse.
Hay que dejarse de dar
vueltas y entender que
cada uno es el principal
interesado en estar
sano. El sarampión es
feo, y peligroso. De
cada bebé, de cada chico
escolar, adolescente y
adulto joven hay que
preguntarse si están
bien vacunados contra el
sarampión y contra todo
lo demás. Si no sabe la
respuesta, que consulte
con la enfermera o con
el médico del centro de
salud del barrio, o en
el vacunatorio. Ante la
duda, preguntar. Pero ya
sé que hay obstáculos. Si
hay dudas sobre si haber
recibido una vacuna, o
no, es mejor volver a
recibirla. No hay
problema. Más vale una
de más que una de menos.
El sarampión rebrota en
Buenos Aires y rebrota
en la provincia de Santa
Fe. En Bolivia hay
tantos casos que hace
unos días decretaron el
estado de emergencia
nacional, y comenzaron
una campaña de
vacunación. Es una
enfermedad muy
contagiosa. También
hay casos en San Luis.
El sarampión, al igual
que otras enfermedades
infecciosas, se deplaza
de barrio a barrio, de
ciudad en ciudad, de
país a país. Viaja en
ómnibus y en avión, y
también viene a pie.
Esto se debe a que hay
unos días en la
evolución de la
enfermedad en que la
persona contagia a los
demás sin saberlo. No
sabe que está enferma
porque todavía no tiene
síntomas, o éstos son
mínimos, o no les hace
caso. Siendo
entonces que cualquiera
puede recibir el
contagio del sarampión
(o de la meningitis, la
tos convulsa, etc.) sin
saber de dónde le vino,
la vacunación aparece
como la mejor manera de
evitar tanto la propia
enfermedad como la
perspectiva de
contagiarla a otras
personas del entorno. Decía
que ya sé que hay
obstáculos. Los hay, en
efecto. La autoridad
hace poca cosa para
promocionar la vacuna, y
menos hacen quienes son
referentes para la
comunidad, sobre todo
los jugadores de fútbol.
Nadie admite ni errores
ni omisiones. Y con
frecuencia circula
información falsa.
Aunque es necesario
señalar la incompetencia
y la desidia, para que
se vea y se corrija, al
mismo tiempo hay que
ponerse las pilas porque
se nos va a venir el
agua. Y entonces será
tarde para llorar sobre
la leche derramada. Por
ejemplo, pocas veces
sale un jugador de
fútbol a promocionar la
vacuna contra el
sarampión pese a que
está en una edad en que
debería asegurarse de
estar bien vacunado,
porque puede ser que no
lo esté. Y porque la
aglomeración de gente en
la cancha de fútbol
podría favorecer un
contagio masivo a partir
de un único hincha
enfermo, que contagiaría
a muchos a su alrededor,
incluso sin saberlo. El
jugador de fútbol es
quien es en virtud de la
comunidad, y vive bien
en virtud del juego que
le ofrece a la
comunidad. Entonces se
debe a la comunidad,
tiene una deuda moral y
de gratitud para con la
comunidad porque gracias
a esta comunidad es
quien es. Por tanto,
deberían comprometerse
más. Tendría
un efecto extraordinario
si se viera que todo el
plantel de Colón o Unión
asiste al vacunatorio
para ver si a alguno le
falta una vacuna. Y a
quien le falte, ahí
mismo se la ponen. No
costaría nada. La
palabra, y sobre todo el
gesto de un jugador de
fútbol, de básquet, de
rugby, tienen hoy más
valor, más credibilidad
que la palabra o el
gesto de un político. Y
hay que aprovechar esta
circunstancia en
beneficio de la
comunidad. Similar
se podría decir de
vacunar a los
adolescentes, en los
colegios, en presencia
de los alumnos más
chicos, para que vean y
aprendan. O vacunar a
las maestras de jardín
en presencia de los
niños del jardín, y de
sus madres y padres. No
costaría nada, y sería
muy útil. El personal
docente tiene una
responsabilidad especial
en cuanto a las vacunas
porque pueden contagiar,
aún sin saberlo, a sus
alumnos, sobre todo de
guardería y prescolar. Es
larga la lista de las
cosas que se podrían
hacer para fomentar las
vacunas, tanto las
infantiles como las de
los adultos. No sería
una opción, sino más
bien una obligación
porque el porcentaje de
personas vacunadas es
cada vez menor en
Argentina. Es decir,
cada vez hay más niños y
adultos argentinos con
vacunas incompletas, es
decir, insuficientes. Pero
todavía hay otra razón
poderosa para entender
que la cuestión de las
vacunas nos importa, y
mucho, a todos, y que
todos tenemos que hacer
algo sin esperar a que
nada caiga del cielo.
Esa otra razón es que el
Gobierno cuestiona las
vacunas. Al parecer no
le interesan, algo está
pensando. Entonces hay
que estar atentos a lo
que pueda pasar. Me
explico por separado. Salvar
las vacunas El
presidente dice que
quiere que Argentina
salga de la Organización
Mundial de la Salud. Lo
dice quien es licenciado
en ciencias económicas.
El comunicado
oficial del
Gobierno Argentino sobre
la pretendida salida de
esta gran organización
es una nota breve y
visceral donde se
vierten conceptos
equivocados, radicales,
y palabras agresivas,
ofensivas. No aporta
ningún fundamento
científico para
sustentar lo que afirma.
Esto contrasta con el
alto nivel científico de
Argentina, del cual ya
salieron tres premios
Nobel: uno de medicina,
uno de medicina y
fisiología, y uno de
química. Y otros dos
premios Nobel de la paz.
Argentina es así el país
de América Latina que
más premios Nobel le ha
dado a la humanidad. El
nivel científico
argentino, entonces, no
está sujeto a la opinión
del lego, ni admite
pataletas, porque
demuestra estar más allá
de la vana
superficialidad. La
idea de salir de la
Organización Mundial de
la Salud carece de la
necesaria reflexión
previa, y por lo tanto
parece más bien un gesto
de pleitesía hacia
Robert Kennedy,
secretario de Salud y
Servicios Humanos de
Estados Unidos. Este
señor es un reconocido
agitador anti-vacunas.
Entre 2015 y 2023 fue
presidente de la
organización CHD
(Children's Health
Defense), de gran
activismo contra las
vacunas infantiles y una
de las principales
fuentes de información
falsa sobre las vacunas.
En numerosas ocasiones
se manifestó en contra
de la vacuna del
sarampión, y sembrando
temores con información
falsa contribuyó a que
el brote epidémico de
sarampión de las islas
Samoa y Tonga, de 2019,
se saldara con más de
600 casos y más de una
decena de niños muertos.
El contagio lo habían
traído unos jugadores de
rugby procedentes de
Nueva Zelanda. Las recientes recomendaciones de este señor sobre vacunación infantil y de la embarazada provocaron enérgicas protestas por parte de la comunidad científica de Estados Unidos. Más protestas provocó cuando el mes pasado despidió a todos los 17 miembros del Comité Asesor de vacunas, un organismo científico de máximo prestigio. Los echó a todos, y los cambió por ocho miembros de su equipo, varios de los cuales también son reconocidos anti-vacunas. Estuvo en mayo en Argentina de visita oficial. Del encuentro con el ministro de Salud argentino quedaron en el aire unas propuestas extrañas, difíciles de creer, preocupantes, amenazantes, y una de ellas afecta a las vacunas infantiles. Hay que estar preparados. No estamos para salir de donde casi nadie quiere salir. Ni estamos para jugar con la ya frágil y desprotegida salud de los argentinos.
Publica
El Litoral, jueves
03/07/25, en html
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