Barcelona
y Santa Fe, domingo 1
junio de de 2025
Infancia
y salud RECTIFICAR ES DE SABIOS
Esta
famosa foto fue tomada
en Vietnam, el 8 de
junio de 1972. Es un
grupo de niños que,
quemándose vivos por
causa del napalm, huyen
desesperados de un
ataque con bombas de
napalm. Esta foto ayudó
de manera decisiva a que
cayeran las vendas de
los ojos y se viera por
tanto la extrema
gravedad, y la extrema
injusticia de la guerra.
Ganó el prestigioso
premio Foto del Año de
la organización World
Press Photo en 1973. Los
niños son siempre los
más inocentes en todo
conflicto, y a la vez
son los que más sufren.
El autor de esta foto
icónica, hasta ahora se
pensaba que era un joven
fotógrafo vietnamita de
AP (Associated Press)
llamado Huynh
Cong
Út,
más conocido como Nick
Út. Pero ahora, el
pasado 16 de mayo, World
Press Photo le retiró
el reconocimiento como
autor de la foto
porque sofisticados
estudios, y un
documental estrenado en
enero en Estados Unidos
(The
Stringer), ponen
en duda que él fuera
realmente el autor de la
foto. Estos
estudios se basan en la
posición que tenía el
fotógrafo respecto a los
niños en el momento de
la foto, y a las
características de la
cámara que entonces
llevaba. World Press
Photo admite que no sabe
ahora quién es entonces
el autor; éste podría
ser un fotógrafo
militar, o quizá otro,
pero nada de esto puede
darse por seguro.
Indican que la foto
continúa premiada,
continúa siendo
merecedora del premio. La
foto lleva por título The
terror of war / El
terror de la guerra
pero más se la conoce
como La niña del
napalm. La foto
sigue siendo un alegato
contra la barbarie que
algunas personas aplican
con impunidad contra
otras personas. La foto
es todo un icono de la
guerra de Vietnam, y por
extensión de las guerras
que desde entonces se
sucederían, y que
incluso hoy sacuden
ciertas conciencias
mientras otras continúan
con vendas en los ojos. La
nena corre desnuda
porque el calor generado
por el napalm le deshizo
la ropa. Las bombas de
napalm son bombas
incendiarias, y provocan
de entrada una oleada de
calor tan poderoso que
quema toda forma de
vida. La nena corre con
los brazos abiertos
porque, en el momento de
la foto, gran parte de
su pequeño cuerpo
infantil, quemado por el
calor extremo, se está
ampollando. Grita de
dolor porque se está
quemando viva. Tiene 9
años. El
napalm es un combustible
similar a la nafta, pero
no es un líquido sino
una gelatina que se
esparce lejos y se
engancha, se pega allá
donde cae. A diferencia
de la nafta, el napalm
arde durante mucho más
tiempo, y se apaga
cuando consume todo el
oxígeno disponible, pero
vuelve a encenderse, y
vuelve a quemar, cuando
vuelve a estar en
contacto con el oxígeno
de la atmósfera. Llevaron
la nena a un puesto
sanitario y de allí al
Hospital de Niños de
Saigón, donde no sabían
cómo controlar esas
quemaduras que volvían a
quemar una y otra vez.
La dieron por perdida.
La envolvieron con
vendas y la dejaron
aparte para que muriera.
Y así fue como en
realidad le salvaron la
vida. Las profundas
quemaduras, impregnadas
aún con napalm, ya no
volvieron a encenderse
porque estaban
cubiertas, privadas de
suficiente oxígeno. Un
hermano, que la buscaba
desde la explosión, allí
la encontró, superó el
espanto, abrió la puerta
de la esperanza y la
trasladó a otro
hospital. Estuvo más de
un año internada,
recibió numerosos
injertos de piel. Aún
hoy sufre los dolores de
las quemaduras por
napalm. Argentina
usó bombas de napalm en
1982, en Malvinas. Así
consta en un documento
oficial del museo de la
marina británica (Gordon Smith. Battle
atlas of the
Falklands War 1982
by land, sea and air.
1989 / 2006, p. 117),
que dice que estas
bombas fueron arrojadas
desde un avión Pucará. Y
Wikipedia afirma que los
aviones Pucará,
industria argentina,
tenían capacidad para
bombardear con napalm y
con bombas de racimo
(Wikipedia: FMA IA-58 Pucará). A
causa del enorme daño
humano que producen, las
bombas de racimo están
hoy prohibidas por más
de cien países. Pero el
napalm no está
prohibido: se permite
usarlo contra objetivos
militares, aunque no
contra objetivos
civiles. Esto último,
según se observa en Gaza
y en Ucrania, es toda
una ingenuidad. Aparte
de provocar extensas
quemaduras, tanto por
contacto directo como
sólo por proximidad, el
napalm produce cambios
en la composición
química de la atmósfera.
Crea una nube donde el
oxígeno se cambia por
monóxido de carbono, que
provoca intoxicación,
asfixia y luego muerte.
De esta manera, el
efecto mortal del napalm
llega incluso a las
personas, niños,
mujeres, hombres, que
estén protegidos de la
explosión en trincheras
y túneles. Morían
asfixiados, o a causa de
la extrema temperatura
del aire. La combustión
del napalm, a su vez,
genera vientos violentos
y de calor extremo, los
que a su vez esparcen el
napalm cada vez más
lejos. Repensar
lo pensado La
organización World Press
Photo, después de
considerar argumentos
propios y ajenos, más de
cincuenta años después,
reconoce que hay serias
dudas sobre la verdadera
autoría de la foto. Ante
la duda prefiere decir
que no sabe quién es el
autor de esta foto. En
un mundo donde abunda la
mentira y el engaño, en
la palabra y en la
imagen, en un mundo
donde el discurso pierde
valor porque pocos aún
les creen, World Press
Photo justifica su
decisión en aras de la
verdad, del más alto
nivel de honestidad, de
seriedad, de respeto por
un documento de valor
incalculable que retrata
el sufrimiento de
personas ocasionado por
otras personas. La
decisión de World Press
Photo, de rectificar, de
admitir dudas sobre una
decisión pasada y de
actuar en consecuencia,
es una lección que
tenemos que aprender. Es
necesario repensar lo
pensado, lo dicho y lo
hecho, y luego actuar en
consecuencia. Hay que
buscar y encontrar los
argumentos nuevos, ya
sean propios o ajenos, y
ya sean una novedad o
hayan estado ocultos
desde siempre. Ya se
sabe que suele pasar que
no se ve bien de
entrada, ni se ve todo,
y entonces se necesita
tomar cierta distancia.
Y desde esta distancia
hay que ver la realidad
y buscar en ella la
verdad. Mientras
tanto, en Gaza continúa
feroz un genocidio que
busca apropiarse del
territorio ajeno sin
importar las personas, y
un tercio son chicos.
Incalculable sufrimiento
de unas personas
ocasionado por otras
personas. Algunas vendas
en los ojos ya han
caído, pero otras
permanecen, serviles. La táctica israelí de provocar hambruna, luego incapacidad por hambre, luego desnutrición, luego inanición, luego muerte, en la población que tiene encerrada en Gaza sin poder salir ni recibir socorro, es otra de las formas más crueles e inhumanas de aniquilar una población. El hambre como arma de guerra está expresamente prohibido por la Convención de Ginebra (art. 54) y está considerado como un crimen de guerra por la Corte Penal Internacional (art. 8). (El actual reparto de alimentos, a cargo de una empresa privada, que hace negocio, es tan sólo una gota de alivio en un mar de sufrimientos.) Pero todo continúa, y sigue impune, y cuenta con apoyos, por acción o por omisión, y el silencio es cómplice. Por esto digo entonces que tenemos que repensar lo pensado, lo dicho y lo hecho, lo permitido y lo ignorado. Y rectificar. / Publica El Litoral, lunes 02/06/25: html - jpg.
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