Barcelona
y Santa Fe, jueves 15 de
mayo de 2025
Infancia
y salud SOBRE
LA GORDURA Gordura
es una palabra vulgar,
tal vez poco respetuosa
pero a la vez respetable
y útil porque hace
referencia a un problema
más serio de lo que
parece, y que está
empeorando. La gordura
es fácil de ver a simple
vista, pero no es un
diagnóstico. En cambio,
la obesidad sí que es un
diagnóstico. La obesidad
es una enfermedad
crónica que afecta a
chicos y adolescentes,
luego adultos, y que
hace mucho daño. El
sobrepeso precede a la
obesidad. Son dos puntos
de un mismo camino: si
el sobrepeso continúa y
se acrecienta, ya está
la obesidad. Pero así
como es más o menos
fácil volver del
sobrepeso al buen peso,
haciendo un saludable
cambio de actitudes, es
mucho más difícil
revertir la obesidad y
volver a un peso
aceptable. Hay que
recordar que para hablar
de sobrepeso y obesidad
no basta con saber el
peso de la persona, sino
que se necesitan otros
parámetros como edad y
sexo, y superficie y
masa corporal. Argentina
tiene un problema con el
sobrepeso y la obesidad
de sus niños y
adolescentes, y más
problemas tendrá en unos
años si no se pone más y
mejor remedio. Familia y
escuela son en esto tan
importantes, tan
decisivos y a la vez tan
responsables como
Municipalidad, Provincia
y Nación. Aceptemos
que la escuela fomenta
la dieta sana y la
actividad física, y que
lo hace bien, pero
también tenemos que
aceptar que, viendo los
resultados, y la
realidad, todo esto que
se hace no es
suficiente. Según
datos
oficiales del Gobierno,
entre los 5 y los 17
años, uno de cada cinco
chicos argentinos (el
20,7%) tiene sobrepeso,
y otro más de cada cinco
(20,4%) tiene obesidad.
Esto es más de lo
esperado, más de lo
calculado, es peor, e
indica que algo pasa, y
es evidente que pasa. Por
otro lado, un
informe reciente
(*) y del más alto nivel
científico, indica que,
en el conjunto de
América Latina, el
porcentaje de chicos (5
a 14 años) con
sobrepeso, sin llegar a
obesidad, era del 11,5%
en 1990. Pero era del
18,2% en 2021. O sea,
hay un aumento es
notable. De no detenerse
esta tendencia, se
calcula que en 2030
habrá un 19,3% de chicos
con sobrepeso. En
Argentina, según los
datos que exponía en el
párrafo anterior, ya
hemos superado los
cálculos previstos para
2030. En otras palabras,
el sobrepeso infantil
argentino está
empeorando a un ritmo
más marcado de lo que
sería esperable para el
conjunto de América
Latina. Y del sobrepeso
se pasa a la obesidad. En
cuanto a la obesidad en
América Latina, entre
los chicos de 5 a 14
años era del 3,2% en
1990. Pero era del 11,8%
en 2021. O sea, el
aumento es todavía más
notable. Y la previsión
para 2030 es que llegue
15,5%. En Argentina, en
2025, cinco años antes
de lo previsto, ya se ha
superado este porcentaje
de chicos con obesidad.
Excepto que se
implementen políticas
asistenciales que vayan
más allá de la dieta
sana y el incremento de
la actividad física, la
mayoría de estos chicos
obesos continuarán
obesos durante el resto
de la adolescencia y
llegarán obesos a la
vida adulta. El
problema no es sólo
local. En todo el mundo,
el número de chicos de 5
a 14 años que padecen
sobrepeso u obesidad se
ha más que duplicado en
los últimos 30 años. Y
esto se observa incluso
en países donde también
tienen problemas con la
desnutrición infantil.
Se trata de enfermedades
derivadas de una mala
alimentación, tanto en
cantidad como en
calidad. Aquí, la
propaganda, la economía
y la política, y lo
social y lo cultural
tienen mucho para
reflexionar, y luego
asumir en consecuencia. Durante
la infancia y la
adolescencia, el
sobrepeso y la obesidad
se relacionan sobre todo
(pero no exclusivamente)
con problemas de salud
mental, y con la
tendencia a quedarse
atrapado en un círculo
vicioso de más y peor
comida, vida sedentaria,
comer fuera de horas,
soledad, aislamiento,
tristeza, y más vida
sedentaria y más comida,
etc. En los adultos, la
hipertensión arterial y
sus consecuencias, y la
diabetes y todo lo que
ésta implica, se
relacionan con la
obesidad. Siendo
que es así, el sobrepeso
y la obesidad de la
infancia y la
adolescencia son
problemas serios.
Recordemos que de
sobrepeso se puede pasar
con facilidad a
obesidad, y que la
obesidad es más difícil
de controlar que el
sobrepeso. Es una
enfermedad. Es una
enfermedad biológica y a
la vez una enfermedad
económica y
socio-cultural. Y
en este contexto resulta
triste comprobar que en
la mayoría
de las escuelas de la
ciudad de Santa Fe
se les ofrecen, y se les
venden, a los chicos,
alimentos y bebidas que
favorecen el sobrepeso y
la obesidad, es decir,
que les hacen daño. Y
que todavía se permite
que ciertas
hamburgueserías y otros
centros de comida rápida
continúen promocionando
unas comidas que son
malas para la salud,
física y síquica, de
nuestros chicos y
nuestros adolescentes. Sobre
el buen ejemplo Según
informaba El
Litoral el
pasado 4 de marzo,
en casi todas las
escuelas de Santa Fe se
ofrecen, y con éxito se
venden alimentos
hipercalóricos y bebidas
igualmente
hipercalóricas. Esto es
lo contrario de una
buena alimentación, es
un mal ejemplo, y
contradice lo que se
enseña en clase. La
escuela no puede ser
parte del problema, sino
que debe ser parte de la
solución. La escuela, en
efecto, tiene la
oportunidad de ser un
agente decisivo contra
el fantasma del
sobrepeso y la obesidad,
que a la vista está que
acecha por todas partes.
Debe aprovechar esta
oportunidad. El
sobrepeso y la obesidad
son más frecuentes en
los chicos de los
hogares con menos
recursos, tanto
económicos como
socio-culturales. Y el
alfajor, las galletitas,
la gaseosa, etc., están
más al alcance de la
mano en los barrios de
menos recursos, y
contribuyen así al
sobrepeso y la obesidad.
Es decir, al infortunio
y la desesperanza. Lo
que hoy es dulce, mañana
es amargo. Un
relevamiento reciente
demostró que hay, en
promedio, más de diez
quioscos en la periferia
de cada escuela de Santa
Fe, y en tres de cada
cuatro venden alimentos
y bebidas
hipercalóricas. Cuatro
son los pasos que hay
que promover para evitar
que cada vez más chicos
de buen peso pasen a
tener sobrepeso. Y para
evitar que los de
sobrepeso se hagan
obesos. Son estos: 1)
Disminuir el consumo de
bebidas y alimentos
hipercalóricos; 2)
Aumentar el consumo
rutinario de frutas,
verduras y legumbres; 3)
Promover la actividad
física regular; 4)
Disminuir las horas de
pantalla (celular,
televisión) y aumentar
las horas de dormir por
la noche. Hay
que hacer propaganda,
hay que insistir con la
actividad física. Hay
que promocionar las
lentejas y el arroz, y
los guisos en general, y
los huevos duros, el
agua fresca y el puré de
verduras, las manzanas y
las bananas. Hay que
ponerle límites a las
pantallas, hay que
levantarse de la silla. Se
trata entonces de
implementar cambios en
las rutinas. Se trata
también de dar ejemplo.
Los padres y las madres
tienen que dar buen
ejemplo, igual que la
escuela y los clubes de
barrio, y los
futbolistas y los
políticos. Y hay que
controlar la propaganda
de aquello que no
conviene comer ni beber.
Son políticas que cabe
promover desde las
familias y desde las
escuelas, pero también
desde la Municipalidad,
la Provincia y la
Nación.- // Publica El
Litoral, sábado
17/05/25: [html]
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© Cristina García Rodero (Magnum): Exposición: Con la boca abierta, Galería Seltz, Barcelona, 2025 / «El llanto de la vida» (2003), Recife, Brasil. / «El ciclo de la vida» (1995), Sugdidi, Georgia.
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