Santa
Fe y Barcelona, sábado
15 de marzo de 2025
Infancia y salud UN
BEBÉ
EN LA CATEDRAL El
hallazgo de un bebé en
la catedral abre una vez
más el debate sobre la
salud perinatal, o sobre
las expectativas y los
temores del tiempo
perinatal, o sobre qué
se espera o qué se teme
del recién nacido. De
edad indeterminada y de
pequeñez llamativa, el
bebé en cuestión
apareció una soleada
mañana de principios de
febrero, hacia el
mediodía, en la pila de
mármol que hay entrando
a la izquierda. La
señora que lo encontró
había entrado a la
catedral con el objetivo
de conocer tan
emblemático edificio, y
lo hizo con la devoción
y el respeto que impone
el recinto y todo
aquello que representa.
Traspuesto el umbral,
estando así en el atrio,
entró por la puerta de
la izquierda y de
inmediato quedó
sorprendida, admirada
por la magnificencia de
piedra de las paredes y
columnas, y por el altar
notablemente barroco.
Sin ser demasiado grande
ni esbelta, la catedral
es espléndida, y estaba
llena de aquel elocuente
silencio que interpela,
que reclama, luego
grita, que a nadie deja
indiferente, que reina
en los recintos
eclesiásticos. Tenue,
una luz multicolor
resultaba de los rayos
del sol atravesando los
vitrales, en especial el
gran rosetón que preside
el edificio. En esta
curiosa penumbra
policromática, que tanto
habrá impresionado a
generaciones, la señora
buscó con la mirada la
pila de agua bendita
para humedecer allí los
dedos de su mano derecha
y con ellos persignarse.
Allí estaba, adosada a
la pared del fondo,
justo a la entrada de la
catedral. Con forma de
lavatorio, es una pila
grande, profundamente
cóncava, y el mármol
rosa con que está hecha
presenta irregulares
vetas blancas y un
tallado de
características
marítimas, crustáceas,
todo un prodigio de un
anónimo artesano.
Contenía un dedo de agua
previamente bendecida. Y
el bebé estaba allí,
como flotando en la pila
de agua bendita de la
catedral. Todo un
símbolo que habla por sí
mismo. No era más que un
bebé de juguete,
minúsculo, de un tamaño
que hubiera cabido más o
menos cómodo en una
cáscara de nuez. Pese a
tanta pequeñez, extendía
los brazos como quien
pide que lo alcen, y
mantenía las piernas
flexionadas como suelen
hacer los bebés. No
parecía recién nacido, a
juzgar por la redondez
de sus manos y sus pies,
sino que debía tener mes
y medio, o mejor dos,
pues en su rostro de
bebé feliz era fácil
percibir el esbozo de
una sonrisa y esa mirada
tan característica de
los bebés de esta edad,
que miran furtivamente y
sólo fijan la mirada en
aquello que valga la
pena, y de manera
efímera. La
señora que lo encontró
quedó profundamente
impresionada. Se dió
inmediata cuenta de qué
es lo que representaba
ese bebé, que alguien
sin duda había puesto
allí. Con todo cuidado,
de la manera más
maternal, lo subió a la
palma de su mano, tal
vez para protegerlo,
puesto que parecía
desvalido, vulnerable.
Tal vez para ofrecerle
el calor, el cobijo de
una mano abierta. Era
evidente que alguien lo
había dejado allí de
manera deliberada y con
un objetivo concreto. Convertido
así en plegaria, el bebé
que encontró esa señora,
y no viene a cuento
ahora saber quién es
esta señora, en esa
catedral, y no viene a
cuento ahora saber de
qué catedral se trata,
expresaba con toda
probabilidad el
sentimiento de
preocupación de una
mujer embarazada, o el
de la madre de un bebé
pequeño. Una u otra,
quien fuese, había
dejado expresamente ese
bebé minúsculo, pero a
la vez gigante, para
pedir, para rezar por su
propio bebé, ya fuera
por temores durante la
gestación, ya fuera por
una enfermedad del
recién nacido. Ese bebé
de juguete simbolizaba
el bebé por nacer o
nacido ya, y al dejarlo
allí, en la catedral, en
la pila de agua bendita,
se dejaba expresa la
voluntad de confiarlo a
la protección divina. También debía confiarlo a los servicios médicos y de enfermería, porque la protección divina, aunque siempre necesaria y recomendable, no suele ser suficiente para ofrecer las mejores posibilidades de salir adelante. Esta historia, verídica en todos sus detalles, ilustra el sentimiento que tienen los servicios médicos y de enfermería que se dedican a la muy alta tarea de velar por la salud materno-infantil, o perinatal, o de la embarazada primero y del bebé después. Ellos atienden mucho más que a una mujer embarazada y preocupada por el devenir del bebé, o a una madre preocupada por el estado de salud o enfermedad de su recién nacido. Es mucho más.
El bebé de la catedral no oculta la propia preocupación, que también es la de muchos, ni oculta que recibe el rayo de luz de la esperanza.
Médicos
en
la privada y en la
pública Pronto
comenzará otra vez el
problema que insisten a
definir como falta de
médicos, o más en
concreto el problema de
la supuesta falta de
médicos de pediatría
para atender la alta
demanda de pediatría de
los hospitales. Ahora
sería un buen momento
para debatir la cuestión
y proponer soluciones
realistas, porque en
pleno invierno, con la
guardia de pediatría
extenuada y llena la
sala de espera, ya será
tarde para lamentarse,
tal lo que suele pasar. Con
toda probabilidad, la
solución para este
problema, y antes de que
pasen cosas peores, está
en reforzar los
servicios públicos de
salud. Estos son los
hospitales y los centros
de salud periféricos,
ambos pertenecientes a
la salud pública, muy
distinta de la privada.
Por privada entiéndase
aquí a la que atiende
por obra social o
pagando, o ambas cosas a
la vez. En
este contexto puede ser
interesante saber que el
gobierno español está
negociando con los
sindicatos un cambio en
el marco legal que
regula la vinculación de
los médicos con las
instituciones públicas
de salud. Este
cambio legal que se
propone tiene al menos
dos puntos principales.
Uno de ellos establece
que el médico que
termina su residencia, y
gracias a la cual pasa a
ser un médico
especialista, estará
obligado a permanecer en
la sanidad pública (en
un hospital o en un
centro de salud, o en
ambos) durante los cinco
años siguientes a la
residencia. Se entiende
que este médico debe
contribuir al buen hacer
del sector público
puesto que éste le
permitió formarse como
especialista. Las
guardias médicas, sin
excepción, ya no pueden
ser de 24 horas. Otro
punto establece que, en
los hospitales, un jefe
de servicio no puede
trabajar también en el
sector privado, sino que
debe dedicarse por
completo y
exclusivamente al
hospital. Se pretende
evitar que pueda caer en
la tentación de
desatender horas de
atención en el hospital
para dedicarlas a la
privada. El mismo
criterio se le aplica al
director o gerente del
hospital, y a los
diversos cargos
intermedios. En Canadá,
por ejemplo, está
prohibido que un médico
de hospital trabaje
también en la privada.
En Irlanda, un médico de
hospital sólo puede
atender pacientes
privados si lo hace en
el hospital y con las
normas que para ello se
le determinen. La
mayoría de los médicos
que ejercen en el
territorio español lo
hace sólo en la sanidad
pública; quienes lo
hacen sólo en la privada
son un 5% del total. La
cuestión es compleja y
provoca tantas
urticarias como
esperanzas. En
definitiva se busca que
la atención en los
hospitales y centros
periféricos de salud
esté en todo momento
garantizada, y que todas
las horas de atención
médica estén cubiertas,
y que todos los
profesionales cumplan
todas las horas que
tengan contratadas. Las
puertas están abiertas,
ya se sabe, y tanto para
salir como para entrar.
/ Publica El
Litoral, en la
edición de papel, el
domingo 16/03/25 (jpg);
en la edición digital,
el miércoles 19/03/25 (html).
Referencias: -
Sanidad negocia con los
médicos sus condiciones
laborales: desde las
guardias de 24 horas a
la exclusividad en la
pública. / Los
sindicatos protestan por
un borrador que obliga a
los residentes a una
exclusividad de cinco
años en el Sistema
Nacional de Salud... / Leer
más. -
Médicos que trabajan en
la pública y la privada:
¿aprovechamiento de
talento o puerta abierta
a la corrupción? / Los
facultativos están
enfrentados con el
Ministerio de Sanidad,
que quiere cambiar sus
condiciones de trabajo e
imponer la exclusividad
de los jefes de
servicio... / Leer
más.
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