Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Miércoles · 15/04/26 ·
Infancia y salud LA
ESCLAVITUD,
AYER Y HOY Hay
una
esclavitud
infantil y juvenil
que no necesita
cadenas para
tenerlos
esclavizados
y obligarlos a hacer
cosas que no harían. Cada
16
de abril es el Día
Internacional contra la
Esclavitud Infantil.
Cada uno que piense
ahora si en Santa Fe hay
esclavos y esclavas
menores de edad, aunque
ya no tengan cadenas ni
grilletes. Y que piense
también cuál es la
posición argentina sobre
la esclavitud. La
esclavitud
infantil, o
infanto-juvenil,
continúa presente en
el mundo. Oculta y
vergonzosa, pero por
todos sabida, es hoy,
como lo fue ayer, el
instrumento más cruel
al servicio de ciertos
poderosos sin
escrúpulos. Malvado es
quien esclaviza, y
también quien mantiene
las condiciones que
conducen a la
esclavitud. Sabemos
que
hay manos esclavas
tras la ropa barata
que llega desde
ciertos países.
Sabemos que hay niños
soldados esclavizados
y esclavos menores de
edad al servicio del
narcotráfico. Y que
hay esclavas y
esclavos sexuales que
apenas si son púberes. Los
esclavos
ya no están
encadenados, o lo
están de otra manera
porque hoy son otras
las cadenas. La
esclavitud moderna, la
que tenemos delante de
los ojos, no usa el
hierro y las cadenas,
sino que los mantiene
cautivos con otras
cadenas tan poderosas
como aquellas: la
pobreza económica, la
pobreza social, la
pobreza cultural. Y el
celular. La
escuela,
por lo tanto, y no
será vano repetirlo,
tiene que saber qué
pasa intramuros, y
también tiene que
saber qué pasa
extramuros, porque lo
que pasa allá
repercute acá, y de
esto vimos hace unos
días, sorprendidos,
luego conmocionados,
un triste ejemplo en
nuestra provincia. Esta
última
cuestión, que nadie al
parecer vió venir, ha
motivado numerosas
reflexiones, unas
legas y otras de
especialistas, y todas
son valiosas y
necesarias. También
son necesarias las
investigaciones, y
después las
propuestas. Si nadie
la vio venir, pese a
que estaba al alcance
de la mano, es que
necesitamos mejorar
nuestros sistemas de
detección. Ahora
no
se trata de buscar
nuevas cadenas para
quienes ya están
encadenados, sino de
preguntarnos qué grado
de culpa nos compete a
todos los demás, sea
por acción, sea por
omisión. Hay que abrir
los ojos, y en vez de
mirar para allá, hacia
las luces de colores,
mejor mirar a los
ojos. Hay que hacer
silencio, bajar el
volumen, para poder
escuchar. Es
evidente
que llegamos tarde,
tal vez porque
estábamos entretenidos
con todo aquello que
nos proponen para
distraer la atención.
Es más fácil cambiar
una ley que mirar la
realidad, y mirarla
tal como es, tal como
dejamos que sea. Es
más fácil peinarse
para la foto que
mirarse a los ojos. Lo
fácil es gritar, lo
difícil es hablar. El
diálogo
es posible y vale la
pena, y no hay que
acobardarse por los
cantos de sirenas que
nos hablan en sentido
contrario. Tres
semanas antes del Día
Internacional contra
la Esclavitud
Infantil, Argentina
votó en contra de una
resolución de Naciones
Unidas que califica la
esclavitud como «el
crimen de lesa
humanidad más grave de
la humanidad». Sólo
tres
países votaron en
contra: Argentina,
Estados Unidos e
Israel. La sumisión es
evidente, la voluntad
de respetar la
dignidad de las
personas es nula. El
comercio y la
explotación de
esclavos fue un
sistema que duró
varios siglos.
Políticos, empresarios
y otros poderosos los
consideraban una
propiedad, y podían
hacer con ellos,
adultos y niños, lo
que quisieran. Entre
otras
barbaries, y dado que
durante mucho tiempo
los hijos de los
esclavos eran
igualmente esclavos y
por tanto se podían
comprar y vender, hubo
una verdadera
maquinaria de
reproducción forzada.
Los esclavos eran
obligados a
reproducirse. Luego,
del bebé se encargaba
la madre hasta que,
unos pocos años
después, se lo
arrancaban para
venderlo. Gracias
a
un estudio genético,
hoy sabemos que el
padre de estos bebés
engendrados a la
fuerza con fines
comerciales no era
tanto un hombre
esclavo, sino un
hombre de origen
europeo. En otras
palabras: además de
comercio y explotación
de seres humanos
durante toda la vida,
hasta la muerte, la
violencia sexual por
parte del poderoso fue
la norma. No
obstante,
Argentina votó en
contra. El estudio
genético que
demostró esta
violencia sexual
sistemática se hizo
en Brasil, y lo
publicó la revista Science,
tal vez la más
prestigiosa del
mundo, el 15 de mayo
del año pasado.
Demostró que fue
habitual la
violencia sexual
para engendrar niños
para vender o para
conservarlos como
niños esclavos. Y de
esto quedaron
rastros genéticos
imborrables. El
artículo
de la revista Science
está en inglés («Admixture’s
impact on
Brazilian
population
evolution and
health»), pero
hay una versión
divulgativa
publicada por la
revista Pesquisa
(*), en portugués y
en castellano. La
versión castellana
se titula «Padre
europeo, madre
africana o mestiza» y
se publicó en junio de
2025. Estas dos
publicaciones están
gratis en internet. Tenemos
que
admitir, hay que
reconocer que hubo
esclavitud en nuestro
país, y que con otras
características sigue
habiendo esclavitud en
la Argentina. Las
cadenas son diferentes,
pero la pérdida de
libertad, sea de
movimiento, sea de
pensamiento, y la
consecuente pérdida de
dignidad son en cierto
sentido similares. Invertir en
la infancia Según
Amnistía
Internacional, la
esclavitud infantil y
juvenil moderna se
origina en situaciones
sociales, económicas y
culturales
desesperadas y al
parecer sin más
alternativa. Pero
cuando aparece la
alternativa, aparecen
la esperanza y la
libertad. La
adicción
patológica a las redes
sociales, por otra
parte, atrapa de una
manera que debe
considerarse una forma
particular de
esclavitud porque
impide la salida a la
vez que induce a
pensar y luego actuar
de una determinada
manera. Entonces,
la
adicción es una forma
de esclavitud infantil
y juvenil, y por
detrás se mueven
oscuros intereses.
Esto no es ninguna
novedad. Sin embargo,
el problema persiste,
y persiste grave, a la
vista está, y pueden
volver a pasar cosas
si no hay primero un
análisis serio y luego
un actuar en
consecuencia. No
se
trata, como decía, de
buscar más cadenas
para los que ya están
encadenados, ni se
trata de peinarse para
la foto y luego
rasgarse las
vestiduras. Se trata,
en cambio, de invertir
en la infancia. Hay
que invertir de manera
seria e inteligente, y
consensuada, en la
etapa prenatal, en la
primera infancia, en
la edad puberal y en
la adolescencia. Invertir
en
la infancia y en la
adolescencia es mirar
el hoy, y hacia el
futuro, a corto y a
largo plazo. Esta es
la clave, mil veces
demostrada con mil
ejemplos. Hay que
invertir en lo que
vale la pena, y
dejarse de inversiones
para la foto. Necesitamos
incluir
a quien está excluido.
Hay que acercarse al
que está apartado. Los
hechos nos lo
demuestran. Hay que
saber qué pasa y hay
que buscar soluciones.
Es decir, hay que
invertir en soluciones
en vez de invertir en
eventos vistosos,
luces de colores,
música de feria,
porque estos eventos
apartan aún más a
quien ya está
apartado. Y este es
peligroso. Hay
que
invertir para incluir
a quien quedó
apartado, a quien
quedó afuera, al que
no entiende, al que
entiende mal. A quien
cae ingenuo en la
trampa. Hay que
mejorar la escuela
potenciando lo que ya
tiene y ampliando su
función y su radio de
acción. Hay que
mejorar nuestro
sistema de salud para
incluir a quienes se
quedaron olvidados del
otro lado del
alambrado. // Publica
El
Litoral,
miércoles 15 y jueves
16/04/26: html
- jpg. ![]() Algunos miran desde atrás del alambrado y piden ayuda sin decirlo para poder liberarse de unas cadenas nuevas. (*) Revista Pesquisa: «Padre europeo, madre africana o mestiza» se publicó en la edición impresa (N. 352) de junio de 2025. Y después en la edición internacional de diciembre de 2025, esta vez bajo el epígrafe «Los brasileños son aún más mestizados de lo que se piensa. Nuevos resultados de la secuenciación del material genético de 2.723 personas revelan una mayor ancestralidad indígena y africana y resaltan las marcas de la violencia sexual en el proceso que formó la población nacional.»
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del Bello.Cat, aquí Aquí, Paulo Bello / Alicia Bello, aquí
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