Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Santa Fe y Barcelona, martes 01/09/26
AQUEL
CHICO SAHARAUI La
enfermedad
determina la vida del
enfermo y de su
familia, e incluso más
allá, y este caso es
un ejemplo para pensar
cómo lo administrativo
puede agravar la
enfermedad mientras
pocos asumen
responsabilidad. Aunque
el caso
de este chico es
extremo, no nos es del
todo ajeno. Permite
ver cómo hay quienes
chocan sin remedio
contra lo
administrativo, contra
lo legal, contra lo
burocrático, y cómo
este choque compromete
la salud, tanto
individual como
colectiva. Y también
permite ver cómo la
colaboración
individual puede
aportar la solución
que otros no quieren
aportar. El caso es
real. Brahim
es un adolescente
saharaui. Los
saharauis son hoy un
pueblo nómada que por
la fuerza fue
despojado de su
territorio, que es una
parte del desierto del
Sáhara, hoy ocupado
ilegalmente por
Marruecos. Antes, esa
parte del desierto
estuvo ocupada por
España. Privados
de su territorio, los
saharauis, que toman
su nombre precisamente
del Sáhara, son así un
pueblo nómada, y
apátrida. Algunos
países reconocen el
pueblo saharaui como
un Estado soberano,
pero no es el caso de
España, que no los
reconoce ni por tanto
les acepta el
pasaporte, etc. Un
día de abril, Brahim,
de 15 años, y su madre
fueron a un puesto de
salud porque al chico
le habían aparecido
dos pequeños bultos,
móviles e indoloros,
en el cuello. Antes el
más activo de cinco
hermanos, ahora estaba
apático y sin apetito.
Un médico lo revisó,
consideró que podría
tratarse de un cuadro
infeccioso, indicó una
medicación y convidó
el paciente a volver
si no mejoraba. La
vida en los
campamentos saharauis
está ahora más dura
que antes, cuando ya
era dura, a causa de
los recortes en la
ayuda internacional,
sobre todo de Estados
Unidos. Esta ayuda
mejoraba mucho los ya
de por sí pobres
recursos sanitarios de
los campamentos, que
son aún más precarios
que otros muchos
puestos sanitarios
rurales del norte de
África. Se
ha calculado que el
beneficio que obtiene
Marruecos de la
explotación de los
recursos del
territorio usurpado al
pueblo saharaui
alcanzaría para
ofrecerles una sanidad
de buena calidad para
todos. Dos meses
después, Brahim y su
madre volvieron al
puesto de salud. Un
profesional confirmó
lo que era evidente,
que el paciente estaba
peor, tanto por su
estado general como
por el tamaño de los
bultos que tenía en el
cuello. Dado que en
ese puesto no había
más recursos, el
médico les propuso
viajar hasta el
hospital de la
localidad de Tindouf,
Algeria, a 35 km de
distancia. Hacia allá
fueron. En
ese hospital le
hicieron estudios para
descartar tuberculosis
y tomaron muestras
para biopsia de las
lesiones del cuello.
El resultado de la
biopsia, para llegar a
un diagnóstico,
tardaría dos meses y
para dos meses después
citaron entonces al
paciente. Todos
los veranos, una
organización española
(1) consigue
excepciones legales y
administrativas para
que un numeroso grupo
de chicos y chicas
saharauis, de unos 10
a 12 años, pasen dos
meses de vacaciones en
España, y así además
dejan vínculos
establecidos. Era el
caso de Brahim, tres
años antes, que había
estado con una familia
de la provincia de
Murcia. Esta
organización también
consigue que los
huéspedes saharauis
tengan, a todos los
efectos y sin
limitación alguna,
acceso a la sanidad
pública española. Este
sistema sanitario, de
amplia cobertura, es
el de la mayoría de
los españoles. Estando
en Murcia, Brahim
recibió controles de
salud y en ellos se
vió que, aparte de una
anemia crónica,
habitual entre los
saharauis, estaba
bien. Los
chicos saharauis se
parecen a muchos
chicos de Santa Fe.
Son de un moreno
particular, más bien
menudos y de pelo y
ojos oscuros. Aún en
medio de la
adversidad, son de
jugar y divertirse, y
son de risa fácil.
Estos y aquellos
suelen tener similares
problemas de salud,
que requieren
similares soluciones,
que aquí más o menos
están, pero allá no
tanto. Tal
lo previsto, a los dos
meses volvieron al
hospital de Tindouf
para conocer el
resultado de la
biopsia de los bultos
del cuello. Brahim no
mejoraba, ni mejoraban
sus tumores del
cuello, y seguía que
no quería comer,
apático y con dolores
de cabeza. El
diagnóstico de la
biopsia no dejó lugar
a dudas: cáncer. Los
bultos del cuello eran
metástasis de una
forma agresiva de
cáncer que se había
originado en aquella
zona que une el fondo
de la nariz con el
fondo de la boca. Pero
en ese hospital no
podían hacer
tratamiento, sino que
el paciente debía
desplazarse hasta un
centro de oncología,
en Argel, capital de
Argelia, a unos 1500
km. Esto ya era
imposible para la
familia de Brahim. Ante
las colosales barreras
que impone la pobreza,
muros altos que
levanta el mediocre
que se cree superior,
la alternativa ya no
era lo establecido,
que no considera a
ciertas personas, sino
el contacto personal,
la ayuda individual.
Llamaron por teléfono
a la familia que tres
años antes había
acogido como huésped
de verano al niño
Brahim, entonces de 12
años. Para
que se sepa Para
viajar a España a fin
de recibir tratamiento
a cargo de la sanidad
pública, Brahim y su
madre necesitaban un
visado especial. Pero
todo lo
administrativo, legal
y burocrático se
convierte en un muro
cruel, difícil de
salvar, para quien no
tiene dinero, cultura
y ni tan sólo una
nacionalidad. El
papeleo, con demasiada
frecuencia, abusa
impune de las
personas. El
papeleo del visado
tardó bastante en
llegar, y sólo
autorizaba a viajar a
Brahim. La visa de la
madre fue denegada,
Brahim viajó solo, con
pasaporte de Algeria.
Lo estaban esperando y
tan pronto como fue
posible recibió
tratamiento en un
centro público de
oncología
infanto-juvenil de
Madrid. El paciente
entonces mejoró. El
caso de este chico con
cáncer y sin recursos
ha sido publicado al
más alto nivel (2)
para que el mundo
sepa, y piense, y si
quiere se mire a sí
mismo. Incluyendo una
profunda reflexión y
una propuesta, lo
publica un grupo de
siete profesionales
encabezados por el Dr.
Mohamed Salem
Laroussi, del sistema
de salud de Algeria y
a la vez profesor de
la Universidad de
Murcia. La
publicación no dice
cómo continuó la
evolución de Brahim, y
me temí lo peor. Para
saber qué pasó, cómo
está, o si murió
finalmente, le escribí
un mail al Dr.
Laroussi. Además le
avisaba que comentaría
el caso en la prensa,
y le solicitaba fotos
de la realidad
infantil en los
campamentos saharauis. No
habían pasado ni tres
horas y ya tenía en mi
correo su respuesta,
detallada y amable, y
generosa. Brahim
continúa el
tratamiento contra el
cáncer, y en ese
momento estaba entre
un ciclo y otro. Pero
sabemos que esto no es
garantía de curación,
ni siquiera de
supervivencia, sino
que tan sólo es, y
esto no es poco, la
puerta de la esperanza
que continúa abierta. El profesor Laroussi me manda varias fotos sobre la infancia saharaui: escenas de juegos en un ambiente de desierto, un grupo de escolares entrando a una escuela, etc. En las fotos se ve alegría infantil en medio de la adversidad, pero también se ve que medio mundo no los reconoce como nación, como pueblo, como personas.-
Un
niño saharaui en un
campamento saharaui,
y quiere jugar a la
pelota, como los
chicos de Santa Fe,
pero al parecer no
lo dejan. Referencias:
1. Asociación
de
Amigos del Pueblo
Saharaui; 2
«Statelessness:
a boy with neck lumps
and lethargy in a
Sahrawi refugee camp
in Algeria». Lancet,
08/08/26. Publicará:
El
Litoral,
jueves 03/09/26: html
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