Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Santa
Fe y Barcelona,
domingo 15 de marzo de
2026
Infancia
y
salud VÍCTIMAS
Y VICTIMARIOS Toda
violencia
engendra más
violencia en una
espiral infinita, y
así los chicos y los
adolescentes pueden
ser tanto víctimas
como autores de la
violencia. Hay que
ofrecer alternativas
y cambiar el
lenguaje de la
violencia. «Los
niños,
niñas
y adolescentes pueden
ser tanto víctimas
como victimarios de la
violencia». Esta
afirmación procede de
la página 8 del
informe Violencia
contra niños,
niñas y
adolescentes en
Latinoamérica:
nuevos datos y
soluciones,
que Unicef y la
Organización
Panamericana de la
Salud presentaron en
enero de este año. Víctima
de
la violencia es quien
recibe los efectos,
directos o indirectos,
de una o más de las
cinco formas de
violencia que afectan
hoy a los chicos.
Victimario es quien
aplica alguna forma de
violencia a otra
persona y la convierte
así en su víctima. Y
chicos son en esta
nota todos los niños,
niñas y adolescentes. En
otras
palabras y por
extensión, quien hoy
es víctima de la
violencia mañana puede
ser autor de la
violencia, y así
entran los dos,
víctima y victimario,
en el círculo vicioso
infinito de la
violencia. Esto es lo
que está pasando. Ante
la violencia, más
violencia, y así
sucesivamente, y no se
termina nunca. Las
cinco
formas de violencia,
según el citado
informe, son la
violencia armada, la
disciplina violenta,
el abuso sexual, el
acoso escolar y la
violencia digital.
Aunque afectan de
manera desigual según
de quién se trate y de
dónde esté, estas
violencias son hoy una
verdadero flagelo que
comprometen tanto el
presente como el
futuro inmediato de la
persona y de su
comunidad. A
estas cinco formas de
violencia, en nuestro
medio se les debería
agregar la violencia
ejercida por perros
contra niños. Se trata
de perros que ya se
sabe que son
agresivos, capaces de
provocar lesiones
graves, mutilaciones e
incluso la muerte de
la víctima. No son
perros callejeros sino
que están a cargo de
un adulto. No sería
difícil erradicar esta
forma de violencia
contra la infancia. Esta
forma
de violencia
ocasionada por un
perro permite ver
quién es en realidad
el responsable, aunque
indirecto, de la
violencia. En efecto,
un hecho violento
cualquiera puede ser,
y de hecho suele ser,
la consecuencia de una
violencia anterior, o
de un entorno
violento. Si
no
miramos también hacia
esta otra violencia
anterior, la
consecuencia violenta
volverá a repetirse
una y otra vez, con
los mismos o con otros
autores. Volvamos
al
informe. Este
documento parte del
derecho que tienen
todos los chicos de
«crecer libres de
miedo, negligencia y
violencia» y continúa
con la exposición de
la realidad, tanto en
texto como en
gráficos, de las cinco
formas de violencia
por separado.
Argentina está
presente en este
informe, y lo está en
posiciones variables
que no son ni las
mejores ni las peores
de América Latina. Es
decir,
sin ser el mejor ni el
peor, el país está
inmerso en una
realidad de violencias
inexcusables a las
cuales hay que
ponerles remedio. El
remedio no es más
violencia. El informe
propone soluciones
pacíficas para cada
una de las cinco
formas de violencia, y
por último hace un
llamamiento a la
acción, en el cual
también propone qué se
puede hacer. En
este
contexto de buscar
soluciones, la escuela
tiene un papel
decisivo mediante la
capacitación de los
docentes, y luego la
formación de los
alumnos. Debe haber
lugar para el diálogo,
y el diálogo debe ser
abierto, y en cada
barrio según su
realidad. Y no como
una sesión única o una
serie de clases o
reuniones ocasionales,
sino incorporando el
tema de la violencia
en el currículum
escolar. El
informe
continúa y propone
actividades de barrio,
promovidas por el
propio barrio, para
comprometer al
conjunto de la
comunidad. Este
compromiso cuenta con
que los vecinos saben,
o sospechan, qué pasa
acá y allá, y entonces
entre todos pueden ver
qué hacer puesto que
saben quién es quién,
y qué hace. El
dibujo
que ilustra esta nota,
que procede del
informe que comento,
resulta elocuente,
habla por sí mismo.
Denuncia la forma de
actuar de quienes
originan la violencia
sin comprometerse en
hechos violentos de
manera directa, y lo
hacen con argumentos
que son tentadores
para los chicos. El
dibujo
dice que uno puede
cometer el delito, sí,
pero hay otro que es
todavía más culpable.
Ese otro puede ser
alguien, una persona,
o puede ser todo un
entorno, todo un
barrio sin más
alternativas que la
violencia, o sin más
cultura, tradición y
costumbres que pensar
y actuar con
violencia. Entonces,
hay que ofrecer otras
alternativas. No
caer
en la trampa Este
dibujo
también está diciendo
que un chico es más
vulnerable al mensaje
trampa, y que por
tanto caerá más fácil
e ingenuo en esa
trampa. Este argumento
refuerza la
importancia de la
escuela y de los
clubes y asociaciones
de barrio cuando se
trata de ofrecer
formación para no caer
en la trampa, que es
un pozo del cual es
difícil salir. Pero
para
poder ofrecerles
alternativas a los
chicos que no las
tienen, hay que
prescindir de la
violencia
institucional. La
autoridad que hoy nos
gobierna sale
corriendo para abrazar
al más violento y
acepta sus postulados
violentos, pero esos
postulados violentos
no son propios de los
argentinos. Y nos
hacen mucho daño. No
me
vengan a ofrecer la
alternativa de un
arma, es decir, de la
violencia, con el
argumento de que así
seremos más fuertes.
Menos aún si, en la
institución más
importante del país,
la que nos representa
a todos, afirma con
histriónica violencia
que «me encanta
hacerlos llorar». Así
no
vale. Nadie quiere que
el país se ponga a los
pies del más violento
ni que le digan que
«la justicia social es
un robo». Hay
que
prescindir de esta
violencia oficial y
entender que el país
necesita una cultura
de paz y de concordia
entre todos, sin
excepción, para frenar
la espiral en la que
nos han metido. Las
distintas formas de
violencia que reciben
los chicos son lo que
alimenta la violencia
que ejercen más tarde,
o al mismo tiempo.
Víctima y victimario
pueden ser así las dos
caras de una misma
moneda. A
poco de comenzar el
conflicto actual de
Oriente Medio, las
fuerzas amigas de
nuestro presidente
bombardearon una
escuela y mataron a
decenas de niños.
Esto no trajo paz,
sino más conflicto. El
diario Tehran Times
publicó, en portada,
la lista con foto de
todos los chicos que
murieron en este
ataque. «Trump,
miralos a los ojos»,
dice el titular. Varios
medios
internacionales,
incluyendo la NCC y
The New York Times,
investigaron el origen
del misil, y ya lo
saben, y lo dicen en
voz alta, pero Estados
Unidos lo niega todo.
En los siguientes
bombardeos, los
muertes infantiles y
adolescentes ya se
contaban por
centenares. El
presidente
argentino apoya y
aplaude la guerra, y
de ella espera obtener
beneficios económicos,
y tal vez políticos y
personales. Nosotros
no. La
violencia,
incluso verborrágica,
lleva a más violencia,
y yo no quiero un país
con las manos
manchadas de sangre ni
parado sobre los
restos de su
población. Quiero un
país donde todos los
chicos puedan ver
delante de sus ojos un
futuro interesante,
sano y seguro. Y hay
que ver bien qué te
ofrecen con la promesa
de un mundo mejor
porque puede ser que
sea una trampa. /
Publicará El
Litoral, día
xx/03/26: html - jpg.-
Hay
una
responsabilidad en
quien comete un hecho
violento, pero hay más
responsabilidad en
quien lo induce con la
promesa de un mundo
mejor.
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