Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes Santa
Fe y Barcelona,
miércoles 01 de abril
de 2026 Infancia
y
salud EL
RENACER DE LA VIDA Una
niña
grave, un caso de
tétanos, es el
síntoma de un
sistema sanitario
que falla porque
excluye. Pero la
vida, esta semana
más que otras,
renace. Tengo
certezas,
y entonces puedo
esperar a que mañana
sin falta la vida,
poderosa, renazca otra
vez de la muerte, y
así tendrá cada uno la
oportunidad de volver
a empezar. El
argumento de la Semana
Santa es que la vida,
contra toda esperanza,
pese al embate
inclemente de las
luces de colores y la
música de feria, de la
muerte se recupera. Primero
nació
el niño, fuerte y
vigoroso, pero la
peste se lo llevaría
unos años después. Y
cuando ya pensaban que
sólo faltaba el
alumbramiento, es
decir, la placenta, al
ver que reaparecían
los síntomas del
parto, la partera
entendió con toda
razón que había otro,
un mellizo. La niña
nació de inmediato,
fácil y rápido. Pero
muerta. La
partera
la alzó y la sacudía
para que iniciara por
favor la respiración,
pero la recién nacida,
azulina, ni respiraba
ni se movía. Y en
virtud de sus
conocimientos y de su
experiencia, la
partera la descartó al
tiempo que la
declaraba muerta para
así poder dedicarse al
bebé vivo, y la apartó
por muerta, y quedó
muerta sobre una mesa,
a un costado. La
madre,
infinitamente madre,
quiso tener en brazos
a su melliza muerta,
recién nacida muerta,
y tuvo que insistir
para que la partera se
la diera, y ella se la
pasó entonces,
arropada como si
estuviera viva. En sus
brazos, la madre la
miró con ojos de
madre. Entonces sopló,
le sopló ligera sobre
la cara, y la niña
recibió el soplo de su
madre. Es
una
ficción
cinematográfica, pero
sin duda basada en
usos y costumbres
ancestrales. Es una
escena de la película
“Hamnet”. El nombre
del bebé que nació
vivo es Hamnet, y
Judith es el nombre de
la bebé que nació
muerta. El padre de
los dos, y de una niña
anterior, es William
Shakespeare. La
niña
recibió el soplo de su
madre, y allí estaba
la vida que quería
renacer de la muerte.
Entonces la niña,
contra toda esperanza
excepto la de su
madre, reaccionó un
poco y respiró, y
luego reaccionó más y
respiró más. Y ya no
estaba muerta, sino
viva. La
escena
del soplo y la
posterior recuperación
sin secuelas de la
niña es una ficción,
son hechos poco
probables en la vida
real, pero nos sirven
para recordar que vale
la pena soplar, es
decir, hacer, aun
contra toda esperanza.
Este 24 de marzo
pudimos ver lo mucho
que vale la pena saber
y recordar para que
todo aquéllo no vuelva
a pasar. Nadie
puede
reescribir la
historia. Quienes
quieren hacerlo buscan
en el olvido una razón
que no tienen. En
aquellos años en que
Shakespeare escribía,
el nombre Hamnet era
equivalente a Hamlet,
y ambos se usaban
indistintamente. Pero
antes de que
Shakespeare escribiera
“Hamlet”, la peste se
cebó con los mellizos
Judith y Hamnet. Eran
los últimos años del
siglo XVI, tal vez
1599. La
palabra
“peste” debe usarse
sólo para definir a la
enfermedad del mismo
nombre. La forma
bubónica de la peste
es la que más afectó a
la humanidad, provocó
millones de muertes y
gran desolación. Se
conocen tres grandes
pandemias de peste,
pero innumerables
brotes epidémicos. La
peste sigue estando
presente en algunos
países. Según
la
película, basada en la
novela homónima de la
irlandesa Maggie
O'Farrell, un brote
epidémico de peste
afecta al pueblo donde
viven los Shakespeare,
pero William no estaba
allí sino en Londres.
La pequeña Judith
contrae la peste y
está gravemente
enferma, tiene mucha
fiebre y bubones en el
cuello. Todos temen
por su vida. Cuando
ya
no queda más que
esperar que venga la
muerte a llevársela,
el pequeño Hamnet esa
noche se acuesta con
ella en la cama, muy
junto a ella, y tanto
la quiere que reza
para que cuando venga
la muerte a llevarse
la niña, la muerte se
equivoque y se lo
lleve a él en su
lugar. Hamnet se
ofrece, se inmola, a
cambio de su hermana. Por
la
mañana, la pequeña
Judith tiene síntomas
de recuperación, y el
pequeño Hamnet yace a
su lado, muerto. La
peste
conoce otra forma,
llamada peste
neumónica, cuyo
contagio es fácil y
rápido a través del
aire, y su evolución
es hacia una muerte
segura si no recibe
pronto tratamiento. Se
dice que esta terrible
forma de peste podría
distribuirse desde el
aire como arma
biológica o como
ataque bioterrorista. Nadie
se
espante, porque hasta
lo más cruel está
pasando ahora. No hay
razones que
justifiquen el
bombardeo de una
escuela, la muerte de
inocentes y la
usurpación del terreno
del vecino. Al menos
unos 120 chicos ya
murieron sólo en el
Líbano a causa de la
violencia israelí /
norteamericana. El
plan parece ser el
mismo que en Gaza. Los
artífices de todo esto
son hoy sus teóricos
buenos amigos, aunque
mañana le dirán que si
te he visto no me
acuerdo. Desesperado
por
la muerte de su hijo
Hamnet, según la
novela y según la
película, William
Shakespeare escribe la
hoy célebre tragedia
“Hamlet”. Al
principio, la madre
rechaza que la obra
lleve el nombre de su
hijo muerto, pero
después, cuando la ve
en el teatro, ella de
pie en primera fila,
entiende que el
recuerdo de Hamnet
queda para siempre en
“Hamlet”. Se
trata
de crear y construir Se
trata,
en efecto, de crear,
de construir. Se trata
de tender puentes, se
trata de unirnos
porque juntos somos
más que separados. Se
trata de ver que la
indiferencia destruye
mientras que lo
solidario salva. Se
trata de pensar por
qué hay una nena con
tétanos, grave, en
terapia intensiva, en
el Hospital de Niños. La
niña
con tétanos no estaba
vacunada. Aunque
políticos y
responsables
sanitarios saben que
cada vez hay más
chicos sin suficientes
vacunas, ninguno de
éstos salió a
buscarlos para
vacunarlos, y así
salvarles la vida. De
éstos, todos cobran un
sueldo a fin de mes, y
lo hacen con cara de
yo no fui. Un
caso
de tétanos, después de
muchos años de no
tener ninguno gracias
a la vacuna, es el
síntoma que indica que
la atención primaria,
el primer escalón de
nuestro sistema
sanitario, no funciona
como debe. Indica que
es negligente, que
debe por tanto asumir
responsabilidad y
hacer más y mejor. El
sistema
falla porque excluye.
Es necesario que la
autoridad política, y
la sanitaria en
particular, y los
responsables de los
centros de salud
expliquen por qué, si
hay tantos sin
vacunar, no salen a
buscarlos. Se trata de
construir, incluso de
crear para construir. Argentina
sale,
con soberbia, ingenua,
de la Organización
Mundial de la Salud,
pero no sabe organizar
un sistema que vacune
a todos sus hijos.
Excepto Estados
Unidos, ningún país
del mundo se retiró
nunca de esta
organización, que
entre otras cosas vela
porque todos los
chicos estén
vacunados. La sumisión
y las malas compañías pueden
salir muy caras. Siendo
así,
poco podemos esperar,
pero no podemos
esperar más. Entonces
hay que arremangarse,
cada uno en su barrio,
y hacer algo por los
demás. Y las escuelas
tienen que asumir los
temas más básicos de
la salud de sus
alumnos, como las
vacunas. Se
trata
de construir, se trata
de mirar más allá de
la efímera fantasía de
una camiseta. Hay que
mirar más allá del
inclemente embate de
las luces de colores y
la música de feria,
porque éstas
tienen
efecto anestésico. // Publica El
Litoral,
jueves 2 y viernes
03/04/26: html
- jpg. Antes de la vacuna, al tétanos neonatal se le llamaba el mal del séptimo día porque el bebé moría a la semana de nacer. Imagen: fotograma de la película "Hamnet".
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