Actualización
quincenal, días 1 y 15
de cada mes
Santa
Fe y Barcelona,
miércoles 15/07/26 Infancia
y salud PARA
CUANDO VENGA EL
NIÑO Entre
los preparativos
para atenuar los
efectos de una
posible inundación
relacionada con el
Niño, hay que
incluir las vacunas
para todos los
bebés, chicos,
adolescentes y
adultos, porque un
brote infeccioso
agravaría la
situación. La magnitud de la
desgracia venezolana
se hizo aún peor
porque las
instituciones estaban
hundidas en la desidia
y el abandono, y esta
negligencia se
demostró criminal. Las
vacunas son un ejemplo
de este abandono, pero
me temo que guardan
similitud, aunque
distancia también, con
el caso argentino.
Tenemos que aprovechar
para aprender ahora, y
luego mejorar, antes
de que venga el Niño. Desde antes del
terremoto se sabe que
los porcentajes de
vacunación infantil y
de adultos en
Venezuela son
insuficientes, quedan
bastante por debajo
del porcentaje que se
recomienda. En
Argentina también
están por debajo de lo
recomendado. Allá se
denunció falta de
vacunas, y acá
también. Allá había
riesgo y hubo un
desastre natural, acá
hay riesgo y ya hubo
una grave inundación. Ahora más que
nunca se necesita que
la población
venezolana esté bien
vacunada, pero no lo
está, y esto implica
otro riesgo que se
suma a la desgracia y
al caos. Y quiero
comparar. Tomemos el
caso de dos vacunas,
la del sarampión y la
del tétanos, dos
enfermedades que no
nos son ajenas porque
las tuvimos acá, hace
poco. En 2024, el
porcentaje de bebés
venezolanos que habían
recibido la primera
dosis de la vacuna
contra el sarampión
era del 71%. En cuanto
a la segunda dosis, el
porcentaje era sólo
del 51%. Ambos
porcentajes están por
debajo de lo
recomendado, que es
95%. Los mismos datos,
referidos a Argentina,
indican que
acá la
situación es igual de
peligrosa. Mientras que en
2014 el porcentaje de
niños argentinos
vacunados con la
segunda dosis contra
el sarampión era del
96%, diez años
después, en 2024, este
porcentaje es de sólo
el 46%, es decir,
menos de la mitad, y
menos que en
Venezuela. Las dos
dosis de la vacuna son
necesarias para
obtener una razonable
protección contra el
sarampión. La cobertura de la
vacuna antitetánica en
Venezuela arroja datos
igual de preocupantes.
En 2024, sólo el 62%
de la población tenía
completo el plan de
vacuna contra el
tétanos. En Argentina,
este porcentaje es un
poco más alto, pero no
llega al 70%. Es un
gran problema para los
venezolanos, y para
los argentinos, porque
esta enfermedad es
grave y se suele
transmitir por una
herida contaminada. Bajos, es decir
insuficientes
porcentajes de
vacunación implican un
riesgo, tanto para
Venezuela como para
Argentina. Este riesgo
aumenta, y se
convierte en un
problema más,
sobreagregado, si se
produce un desastre
natural o cualquier
otra circunstancia en
que muchas personas se
ven obligadas a
compartir un espacio
escaso y sin unos
adecuados servicios
mínimos. En Venezuela, el
problema ya era de
alto riesgo antes del
terremoto. Se había
denunciado una escasez
de vacunas tan marcada
que éstas no
alcanzaban para las
dosis de refuerzo, y
sólo se estaban
aplicando las primeras
dosis. También se
denunció que ciertas
vacunas habían dejado
por completo de
administrarse. En Argentina, la
escasez de vacunas,
sin llegar al extremo
venezolano, así como
los retrasos para
disponer de dosis
suficientes en los
centros de vacunación,
motivaron una carta de
queja y reclamo de la
Asociación Argentina
de Pediatría dirigida
al ministro de Salud
de la Nación, Mario
Lugones, de 78 años.
La carta es de fecha
16/04/26. A la vista está,
entonces, que hay
ciertos paralelismos
preocupantes entre la
situación vacunal de
Venezuela y Argentina.
Esto es un toque de
atención, y a la vez
una llamada para
actuar en consecuencia
a fin de evitar
lamentos futuros.
Algunas cosas no se
pueden evitar, o es
difícil evitarlas, y
ante ellas es por
tanto necesario, como
mínimo, estar
avisados, y
preparados. El fenómeno
climático adverso
conocido como el Niño,
por ejemplo, dado que
puede obligar a la
evacuación de
numerosas personas,
además de las medidas
de prevención que ya
se están tomando
necesita una buena
cobertura de vacunas
para así evitar
problemas añadidos.
Prevenir es siempre
mejor que curar. Y
pensar, luego invertir
en prevención, ahorra
males mayores. Los datos
antedichos sobre
vacunas en Venezuela
son oficiales y
proceden de la
Asociación Venezolana
de Pediatría, que es
homóloga a nuestra
Sociedad Argentina de
Pediatría. Esta
última, el pasado 6 de
julio, dió a conocer
un documento que
resultará fácil y
accesible para todos.
Se trata de «Atención
integral del niño
víctima de terremotos: actualización
para el pediatra». Aunque dirigido a
pediatras y para caso
de terremoto, es un
documento válido para
todos los interesados,
y para otras
situaciones de
desastre natural, o
humano. Explica por
qué los chicos son en
estos casos más
vulnerables que los
adultos. Indica qué
hacer y cómo
organizarse, y cuáles
son los criterios para
determinar la
prioridad, la gravedad
y la urgencia de cada
víctima infantil. Mejor
que nos encuentre
vacunados El capítulo 9
(pág. 76 a 81) del
mencionado documento
alerta sobre la
posibilidad de brotes
epidémicos en
Argentina, en caso de
desastre, porque la
población está
vacunada de manera
insuficiente. El
sarampión y la
hepatits A merecen en
estos casos una rápida
atención, y vacuna, al
igual que el tétanos y
la meningitis. El dengue, la
leptospirosis y el
hantavirus también
serían otros problemas
sanitarios relevantes
en situación de
desastre. En el caso
particular de una
inundación y además de
lo mencionado, las
infecciones
gastro-intestinales
(diarrea, vómitos,
fiebre, etc.) por
contaminación de las
aguas serían otra
complicación más en un
cuadro ya de por sí
complicado. Aunque no todas
las enfermedades que
pueden surgir en caso
de inundación u otro
desastre se pueden
controlar con vacuna,
las que sí se pueden
controlar de esta
manera justifican que
se haga todo lo
posible para que la
población en general,
y los chicos en
particular, estén
todos bien vacunados,
y que lo estén con
anticipación. Para ayudar en
este sentido, la
Organización
Panamericana de la
Salud propone, en un
documento del mes
pasado, toda una serie
de estrategias de
vacunación para
entornos reducidos
como, por ejemplo, la
ciudad de Santa Fe. Se
trata de
«Orientaciones para la
micro-planificación de
actividades de
vacunación». Los autores
proponen tácticas que
superan los obstáculos
políticos y que se
centran en un acceso
equitativo y universal
a las vacunas y a
otros recursos básicos
de la atención
primaria de la salud.
Proponen la
participación de los
miembros de la
comunidad y el
compromiso del
personal sanitario
como táctica para que
la vacunación no
decaiga por causa del
desánimo o de las
dificultades. Insisten en
ciertas estrategias
conocidas: además de
vacunar en los centros
de salud y en puestos
ocasionales, los
equipos de vacunación
tienen que ir a las
escuelas, a los
lugares de trabajo, a
las universidades, a
los clubes y a los
partidos. Remarcan que
una cosa es la
vacunación de rutina y
otra es la necesidad
imperiosa de salir
rápido a buscar a
quienes por lo que sea
no se vacunaron. Insisten también en que todo debe quedar registrado: quién recibe la vacuna y de dónde procede, quién se la administra y en qué centro o lugar, etc., para después poder valorar los resultados, y darlos a conocer. Parte de esto ya se hace, pero habría que perfeccionar el método y llevarlo más lejos, a todos sin excepción, y antes de que se nos venga el agua del Niño.- // Publica El Litoral, viernes 18/07/26: html - jpg.
Véase: «La
vacunación infantil
mejora, pero 13,5
millones de bebés
siguen sin recibir una
sola dosis. La
cobertura mundial de
inmunización infantil
sigue recuperándose,
pero aún no alcanza los
niveles previos a la
pandemia y la OMS y
Unicef temen que los
recortes de ayuda frenen
los avances.» /
«Retroceso. La
cobertura de
vacunación en
Argentina sigue
cayendo y preocupa el
riesgo de enfermedades
prevenibles.
Aunque las vacunas del
Calendario Nacional son
gratuitas y
obligatorias, ninguna
alcanza hoy el 95% de
cobertura recomendado
por los organismos
internacionales. El
descenso abre la puerta
al regreso de
enfermedades que estaban
controladas.» / Foto: La
auxiliar de enfermería
Hellen Akullo administra
una vacuna contra la
malaria a un bebé en el
Hospital General de
Apac, en Uganda, el
08/04/25. © Hajarah
Nalwadda (Getty / El
País).
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