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de cada mes
Santa
Fe y Barcelona, lunes
01/06/26 Infancia
y salud CADA UNO CON
SU BANDERA Lamine
Yamal, el astro del
Fútbol Club
Barcelona, el Barça,
hizo ondear ante el
mundo la bandera
palestina durante la
rúa con la cual
festejaban haber
ganado La Liga. Las
imágenes volaron por
el mundo con rapidez:
Lamine Yamal, uno de
los mejores
futbolistas del
momento, enarbola la
bandera palestina y la
sostiene ante todos y
ante todas las
cámaras. La bandera de
Palestina ondea en sus
manos, en lo alto de
un mástil de caña, y
la pasea en un
vehículo descubierto.
El Barça salió
campeón, y su jugador
se posiciona
públicamente. Es un
ejemplo a seguir. Lamine
Yamal en realidad
defiende lo suyo, su
propia sangre, y
demuestra que ni la
gloria futbolera ni la
sobreabundancia de
dinero son razones
para abandonar los
orígenes. Tiene 18
años. La gran mayoría
de la población
palestina es
musulmana, y Lamine
Yamal es musulmán y
profesa con rigor los
principios musulmanes. El
Barça había salido a
festejar, por las
calles de Barcelona,
que se coronaba
campeón de la La Liga
después de ganarle dos
a cero al Real Madrid.
Un hincha le acercó la
bandera palestina y
Lamine Yamal la hizo
ondear durante la rúa.
El ministro de Defensa
de Israel
criticó con dureza
al jugador blaugrana,
que al fin y al cabo
no hacía más que
defender lo suyo. Mientras
tanto, en Palestina
pintaban un curioso
mural sobre una pila
de escombros. El mural
llama la atención
porque Lamine Yamal
está con una camiseta
poco habitual, medio
campo rojo y medio
campo azul, blaugrana,
por supuesto, y me
hizo acordar a la de
Colón, parecida. Un
mural similar apareció
también en Dublin,
Irlanda. Este
es un caso más que
reabre el debate sobre
cuál debería ser la
actitud de los
jugadores de fútbol
ante la realidad, en
especial cuando esta
realidad les
compromete
personalmente, o
cuando pueden
contribuir de alguna
manera a mejorar lo
que sin duda está mal
y necesita la ayuda de
todos. Hay que pensar
que el jugador tiene
un deber moral hacia
la comunidad porque de
ella se alimenta. Unos
días antes de aquel
clásico que quedaría
marcado en el
calendario con la
bandera palestina, se
supo de la
colaboración de dos
hospitales argentinos
con otros dos de
Palestina, uno de
Cisjordania y el otro
es el hospital Nasser,
de triste recuerdo, en
Gaza. Fue para una
investigación (*) en
la que también
colaboraron hospitales
de otros países. Por
parte de Argentina
participaron el
Hospital de
Emergencias Dr.
Clemente Álvarez, de
Rosario, y el Hospital
de Urgencias, de
Córdoba. En total
fueron 85 hospitales
de 32 países, tanto
países ricos como
países medios y países
pobres. Estudiaron la
evolución de 237
pacientes de entre 1 y
18 años que habían
sufrido un traumatismo
abdominal grave y que
necesitaron cirugía
por este motivo. La
media de edad de estos
pacientes fue de 16
años, y en su mayoría
fueron varones. En
algo más de la mitad
de los casos, el
traumatismo abdominal
fue contuso, es decir,
sin herida a la vista,
mientras que en el
resto fue un
traumatismo
penetrante, con
herida. Todos
necesitaron cirugía
abdominal. Tal
como era previsible,
la evolución del
paciente fue mejor en
los países donde es
más fácil y más rápido
el acceso a un
hospital de suficiente
nivel, bien equipado y
con el personal
adecuado. En cambio,
la evolución fue peor,
y la mortalidad más
alta, en los países
con sistemas
sanitarios menos
avanzados. Esta
conclusión puede
parecer obvia según la
opinión de algunos,
pero la ciencia no se
basa en opiniones sino
en evidencias, hechos
y observaciones de
rigor científico, y
esto requiere
investigación seria,
la cual a su vez
requiere organización
seria y financiación
en serio. En este
caso, organización y
financiación vinieron
de Londres. La
investigación se hizo
entre 2024 y 2025. Sus
resultados dejan bien
a la vista una vez más
que el acceso fácil y
rápido a la sanidad
pública, y una sanidad
pública bien
preparada, son dos
políticas sanitarias
de las cuales depende
la evolución e incluso
la vida de las
personas, en este
caso, de chicos y
adolescentes. Para
valorar el grado de
desarrollo de los
países (más ricos o
más pobres, más
avanzados o menos
avanzados), los
investigadores se
basaron en el Índice
de Desarrollo Humano
(HDI, por sus siglas
en inglés). Según este
índice, en 2023,
Argentina ocupaba el
puesto 47 (de 193
países). Este
índice valora
parámetros como la
expectativa de vida,
la educación, la
salud, los ingresos
per cápita, etc.
Aplicando este mismo
índice a las
provincias argentinas,
Santa Fe ocupa el
puesto 13 (sobre 24),
según información
oficial de 2021, la
última disponible. De
aquí se desprende que
no estábamos tan mal,
pero que sin duda hay
que mejorar. Y para
mejorar, como nada cae
del cielo, cada uno
debe arremangarse y
agarrar la bandera en
defensa de todo
aquello que nos es
propio. Y aprovechar
todas las
circunstancias para
decir que esto es mío
y lo voy a defender.- (*)
Global
variation in
injury patterns,
interventions, and
post-operative
outcomes for
children and
adolescents
undergoing trauma
laparotomy: an
international
cohort study.
The Lancet Child
& Adolescent
Health, 07/05/26. La
bandera del médico
de familia Así
como la bandera
palestina en manos de
este gran jugador de
fútbol pasó casi
desapercibida para el
público local, y es
fácil imaginar por
qué, también pasó
desapercibida una
efeméride que nos
interesa, y que
también quiero
rescatar. El
pasado 19 de mayo fue
el Día Internacional
del Médico de Familia,
y la presidenta de la
Organización Mundial
de Médicos de Familia
es una médica
argentina que estudió
en Rosario. La doctora
Viviana Martínez
Bianchi egresó de la
Universidad Nacional
de Rosario en 1990. El
día 19 enarboló la
bandera del médico de
familia y en una
prestigiosa revista
médica internacional
publicó una carta para
defender la
importancia del médico
de familia. Y la
importancia de formar
médicos de familia, y
de contar con ellos. «Algunos
de
los momentos más
significativos de la
atención médica son
silenciosos: una
pausa, un gesto, un
silencio compartido.
El contacto visual, el
tono de voz y el
contacto físico no son
elementos secundarios.
Son fundamentales para
la relación
terapéutica entre el
médico y su paciente»,
afirma la doctora en
su carta. En
un contexto nacional
donde la formación de
médicos no interesa
tanto como los
números, y donde la
formación de
especialistas tampoco
interesa tanto como
los mismos números, la
figura del médico de
familia adquiere cada
vez más relevancia. El
contexto provincial,
en cambio, asume buena
parte de lo que el
contexto nacional
desprecia. El
médico de familia es
un médico que hizo una
especialización en
aquella mayoría de
situaciones o
enfermedades que
afectan a la mayoría
de las personas de una
comunidad, incluyendo
niños y embarazadas.
Por tanto, es un
profesional necesario,
y mucho, sobre todo
para la atención
primaria. Lamine
Yamal son sus nombres,
Nasraoui Ebana son sus
apellidos. De origen
humilde e inmigrante,
este adolescente pasó
sus primeros años en
el barrio de
Rocafonda, pobre y
periférico, de la
ciudad de Mataró, a 28
km de Barcelona. Sus
dos nombres honran a
dos personas que
ayudaron
económicamente a la
madre cuando estaba
embarazada. Con toda probabilidad fue un médico de familia del barrio quien veló por sus vacunas, por su desarrollo y por las enfermedades infantiles que tal vez tuvo.- / Publica El Litoral, viernes 05 y domingo 07/06/26: html - jpg.
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