Claus
Offe, en La Vanguardia del 15/5/12, explicava que «Regenerar-se
aquí seria retallar càrrecs polítics: ens sobren
diputats i diputacions, senadors, càrrecs i carreguets,
però ha resultat més fàcil despatxar abans metges
i científics»
I
Bruce Springsteen, parlant en un català ben acceptable, al
concert de Barcelona, el dijous 17/05/12, va
recolzar el moviment del 15-M tot dient: «Hola, Barcelona;
hola Catalunya... A tots aquells que han perdut la feina i la casa...
Dediquem aquesta cançó als indigants del 15-M i als que
lluiten a Catalunya»
Parece Sólo diez días separan estas dos fechas
históricas, y un lazo poderoso las une: el deseo de libertad. La
libertad, el deseo de vivir y pensar con libertad, el deseo de
liberarse de quien oprime y engaña, el deseo de liberarnos de
quien recurre a métodos sofisticados para limitarnos la bien
ganada libertad de vivir y de pensar, en fin, el deseo de libertad, he
aquí una de las fuerzas más poderosas que mueven al ser
humano.
Diez días, qué corta es la distancia y qué fuerte
es el lazo que las mantiene unidas, pero cuánto camino les queda
todavía por recorrer. El 15-M cumplió el martes un
año y el 25 de Mayo cumplirá el viernes doscientos dos, y
a juzgar por el deterioro social y político de aquí y de
allá, a juzgar por el moho y el verdín, a juzgar por el
óxido y la corrosión, aún les queda mucho por
hacer.
Es fácil comprobar que el espíritu de libertad que
iluminó el 25 de Mayo aún está presente en la
sociedad argentina, y que incluso se traduce en hechos concretos. Estos
hechos recientes, todavía sangrantes, están cargados de
ese espíritu de libertad, aunque también están
cargados de polémica, de saltarse las normas y de populismo.
Pero también lo estuvieron aquellos hechos de hace dos siglos.
La labor del 25 de Mayo, entonces, no ha terminado, debe continuar, y
debe continuar con el mismo espíritu y el mismo objetivo. Los
métodos, eso sí, deben adaptarse a los tiempos modernos.
Con este espíritu de libertad y con este objetivo de procurar un
mundo mejor para todos (y no sólo para los de siempre), el
movimiento del 15-M salió a la calle y se concentró en
las plazas de medio mundo, y en el pecho también llevaban la
escarapela de la libertad.
Comparando con la forma de proceder del año pasado, la de este
año demuestra que el 15-M está más maduro y
más sereno, y que sus miembros se fundamentan mejor en
argumentos sólidos y en razones basadas en una buena
información.
En efecto, las concentraciones y las asambleas populares de los cuatro
días que duraron los actos de este primer aniversario estuvieron
cargados de buenos parlamentos, inteligentes, con propuestas, y se
vieron privados de lo visceral, del grito y la cacerolada. Así
fue al menos en Barcelona, donde contaron con el beneplácito de
la autoridad policial.
No podía ser de otra manera, porque el accionar de la
policía del año pasado contra los indignados catalanes
provocó tantas urticarias y destapó tantas
vergüenzas que a las fuerzas del orden público no les
quedó este año otra salida digna que la tolerancia y el
respeto hacia quienes se manifiestan en paz, y con razón.
Lo visceral es necesario, sin duda, el grito y la cacerolada son
necesarios, pero sólo para llamar la atención. Una vez
conseguido este objetivo, se impone el planteo serio y fundamentado, se
impone el diálogo con argumentos. El movimiento del 15-M parece
estar en esta etapa, porque parece haber entendido que en el mundo en
que nos movemos valen más las razones de peso que las acciones
rotundas, aunque ambas son necesarias.
Pero lo difícil está en cómo hacer entender a los
de arriba que las razones están aquí abajo. Si el
método es el grito, el de arriba siempre podrá negarse a
considerar razones con el argumento de que así no se puede
hablar, y menos negociar, y siempre podrá mandarnos la
policía y el ejército. Aunque hay excepciones en la
realidad de hoy en día, y son salvajes, el diálogo serio,
preparado, argumentado, fundamentado, debe ser el método para
que unos y otros se enfrenten con perspectivas de éxito. Si no
fuera así, lo visceral, que es bilateral, entra en una peligrosa
escalada de violencia, y de ésta, insisto, hay crudos ejemplos
en la realidad.
La violencia que digo es la violencia explícita, pero
también es la violencia implícia, que es igual de
dañina. Es la violencia de la ley hecha a medida, del juicio por
corrupción que archiva una mano cómplice, del expediente
que queda en el cajón; la violencia de la letra pequeña,
de la mentira institucional; la violencia del vení
mañana. Y sea cual sea el modo de la violencia, ésta
sólo conduce a más violencia.
Las concentraciones de hace un año estaban marcadas por lo
visceral mientras que las de este año, menos numerosas,
están marcadas por una clara evolución hacia lo racional.
Esta evolución es evidente desde hace meses, puesto que varios
de los reclamos del 15-M son ahora una realidad, o están
más próximos a serlo.
Uno de los argumentos del año pasado era la protesta contra la
impunidad de banqueros y políticos, por separado, o juntos, o
más probablemente potenciados los unos a los otros. Y en este
año han sido varios los banqueros del más alto nivel que
se quedaron sin el puesto de privilegio que ostentaban, y fueron varios
los que vieron cómo el gobierno les retiraba las
magníficas jubilaciones que ellos mismos se habían
adjudicado. Varios juicios están en marcha, y acaben
éstos como acaben, la vergüenza pública de estos
sinvergüenzas ya es de por sí un buen escarnio.
Otro de los argumentos de los indignados del año pasado era el
escándalo de los bancos y del aparato judicial que sin
contemplación dejaban sin vivienda, con los muebles en la
vereda, a quienes no podían pagar la hipoteca a causa de una
crisis que los mismos banqueros habían creado (el proceso es
legal pero se basa en la violencia de la letra pequeña). Y ahora
los bancos buscan alternativas al desahucio de las familias que no
puede pagar (dación en pago, alquiler social, etc.), y de esta
manera éstas no pierden la vivienda ni quedan, como quedaban, en
la calle y endeudadas para siempre.
Hay otros ejemplos que demuestran que el movimiento del 15-M y sus
multitudinarias e internacionales protestas consiguen algunos
objetivos. La demostración de estos hechos, aún
discretos, no está en la palabra de quienes tuvieron que cambiar
de actitud a causa de la poderosa presión social (porque no
reconocen el delito), sino que está en los hechos concretos y
objetivos.
Pero es probable que el 15-M se vaya agotando poco a poco en su
modalidad callejera, y desaparezca para dar lugar a un movimiento donde
el pensamiento, lo intelectual, lo racional, sea el elemento
característico y dominante. Y para comprobar esto, basta con
observar que durante este primer año del movimiento, una
veintena larga de libros fueron editados para explicar con detalle, y
en todos sus detalles, cuáles son las reclamaciones que claman
al cielo, y por qué claman al cielo.
Es la evolución natural de un movimiento, es una
evolución necesaria, es la evolución que permite que el
movimiento no se termine cuando desalojan la plaza. De esta manera,
escrito y bien escrito, el movimiento del 15-M está llamado a
perdurar.
También es evidente que el espíritu del 25 de Mayo ha
evolucionado, y hoy sigue planteando libertades, otras libertades. Pero
me parece que debería mejorar el método que permite pasar
del grito a la razón, y ésto es sólo una
opinión. Lo que vale es el deseo de libertad, y entonces toma
plena dimensión el grito lleno de razón que desea:
¡larga vida al espíritu del 25 de Mayo, y larga vida al
espíritu del 15-M!
Anteriores:
14/05/12. De indiferencia a insumisión [pdf]
02/05/12. Más trabajo y menos sarampión [pdf]
23/04/12. Hay que llamar a sosiego [pdf[ 16/04/12. El diálogo
es el método [pdf]